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viernes, 4 de mayo de 2018

194 - El liberalismo coloniza en la red


El liberalismo coloniza en la red
Posted on 22/3/2018 by admin
Por Eduardo Febbro* – Página 12,  Argentina

La crisis de la primera red social del planeta es un acto de justicia que la humanidad se merece. El oportunismo delirante de los responsables de Facebook, el revitalizado proyecto político de la derecha radical y la complicidad alucinante de los usuarios configuraron uno de los robos y violaciones más desastrosas de la historia de la humanidad. Mal les pese a los tecnogenéticos, Facebook y las demás empresas del ramo se robaron una idea maravillosa, internet, con el único fin de extender la dominación liberal del mundo.

Occidente creció a la par de la colonización y ahora las redes modernas reinventaron una nueva forma de colonización: ya no se trató más de colonizar un territorio sino que la red es el territorio mediante el cual el liberalismo extendió la nueva colonización. Silicon Valley es un sistema dictatorial cerrado y no un paraíso desde donde salen los conceptos de una humanidad renovada. Los algoritmos de Facebook tienen dos fines: formatear, censurar, manipular, dirigir, expandirse y hacer dinero. Poco le importan al señor Mark Zuckerberg (foto) nuestras alegrías, nuestros llantos o nuestros secretos: solo lo mueve el hambre de ver sus acciones subir y subir. En la red, nuestras vidas son monedas que se acumulan y no perfiles de una humanidad que comparte sus pasiones y relaciones.

La pasividad de los usuarios ante las continuas revelaciones sobre el quebrantamiento masivo de la intimidad y la monetización de sus datos personales, la inoperancia de los sistemas jurídicos de mastodontes auto congratulados como la Unión Europea, la incapacidad o la vagancia ante el reto de crear redes sanas y alternativas, la debilidad de los Estados del Sur y el atraso de las izquierdas cuando se trata de reflexionar sobre las nuevas tecnologías y los desafíos que estas introducen en la libertad humana y en la reformulación del modelo social, la fascinación ante el juguete tecnológico y el proyecto de la derecha planetaria se mezclaron en una danza mortífera.



En la crisis de Facebook se combinan todos los ingredientes que demuestran su pusilanimidad y su indiferencia ante quienes fueron los arquitectos de su riqueza, es decir, los usuarios. Las revelaciones que el ex agente de la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) Edward Snowden difundió en 2013 en el diario de The Guardian ya habían probado hasta el hartazgo la connivencia de Google, Apple, Facebook, Yahoo! o Microsoft con los servicios de inteligencia o los sectores privados que hacen dinero con los datos personales o promueven ideologías retrógradas. Todo terminó en un gran silencio que este escándalo saca de las catacumbas de la indiferencia. El caso es de una gravedad destructora: se trata nada más y nada menos de empresas privadas que usaron los datos de 50 millones de usuarios de Facebook con la meta de manipular políticamente a los ciudadanos. La derecha más añeja le ganó a los progresistas de las tecnologías y a los poetas de las ideologías. En Estados Unidos, la consultora Cambridge Analytica obtuvo y se sirvió de los datos como arma de influencia en la campaña electoral de Donald Trump. En Gran Bretaña, la filial de Cambridge Analytica, Strategic Communication Laboratories (SCL), especializada en las acreditadas “estrategias de influencia” destinadas a organismos gubernamentales y sectores militares, procedió igual. Se apoyó en los datos para volcar el referéndum sobre la permanencia de Gran Bretaña en el seno de la Unión Europea del lado del “Leave”, o sea, el ya conocido Brexit. Si se miran bien las cosas, Facebook y el Big Data presiden la reconfiguración de la política mundial, marcada en los últimos dos años por el Brexit y la elección de Trump. La ultraderecha navega a su antojo. Cambridge Analytica usa la masa de los Big Data para confeccionar un pastel de mensajes y formateos de mucho alcance. En 2014, el investigador Aleksandr Kogan (Cambridge), tuvo la idea de crear un test de personalidad al que respondieron casi 300 mil usuarios de Facebook. Esos datos y todos los “links” que van con ellos fueron remitidos por Kogan a Cambridge Analytica. Esta empresa desempeñó un papel igualmente preponderante en las elecciones en Kenia y luego en las primarias del partido Republicano en Estados Unidos a favor de Ted Cruz. Y si aún quedan inocentes que persisten en cerrar los ojos ante la victoria aplastante de la derecha mundial con el puente de las nuevas tecnologías, bastaría con agregar que el principal accionista de Cambridge Analytica no es otro que Robert Mercer, un multimillonario de perfil muy bajo que es, también, accionista del portal de extrema derecha Breitbart News. Y no es todo: en el consejo administrativo de Cambridge Analytica aparece otro ultraderechista distinguido: Steve Bannon, el nuevo ídolo de los populistas globalizados y ex director de la campaña electoral de Trump.



Los apóstoles del racismo, la xenofobia, de la identidad nacional como declaración de guerra, de la soberanía excluyente, de la censura, del cierre de las fronteras y de la guerra comercial se deslizaron en las infinitas sábanas de la tecnología para ofrecernos la pesadilla del Brexit, de Trump, de la violencia contra el otro y de las visiones más atrasadas y tóxicas que la humanidad ha podido diseñar desde principios del siglo XX. La derecha ha obtenido una brillante victoria apocalíptica gracias, también, no sólo a Facebook y sus aliados, sino, también, a nuestra pereza cuando se trata de introducir en nuestro análisis y utilización de las tecnologías la variante política. Hemos actuado como niños con un regalo de Navidad mientras el monstruoso Papá Noel conquistaba y manipulaba nuestra inocencia. Facebook ha dado sobradas pruebas de su inmovilidad, negligencia o complicidad. Los algoritmos de Facebook tienen una repercusión perversa y plantean la pertinencia de la relación entre democracia y red social. La redes nos venden y delinean una suerte de relación que alienta compromisos cuyos resultados son luego reutilizados por otros sectores en la siempre reactualizada cruzada colonizadora de la conciencia humana. Rob Sherman, jefe adjunto del departamento de Privacidad de Facebook, dijo que la empresa se compromete “fuertemente con la protección de los datos de los usuarios”. Una broma retórica de mal gusto. Prueba de ello, Facebook no era inocente: hace tres años se “percató” del robo de los datos de Cambridge Analytica …pero no cerró la cuenta de hasta pasado 17 de marzo.

No cabe ni la más remota duda de que en la Argentina Facebook ha servido y sirve con los mismos fines al liberalismo gobernante. El primer acto de resistencia moral y política de un progresista digno del siglo XXI consistiría en cerrar inmediatamente su cuenta en Facebook. Esto, sin embargo, parece ser más arduo que obligar a los directivos de la red social a ser más responsables. Estamos ante una alianza liberal ultra conservadora pactada entre sectores políticos y compañías tecnológicas. Es una guerra ideológica sin bombas y debemos dejar de ser los corderos inocentes que contribuyen a las victorias de sus verdugos.

———————

*Periodista argentino, trabaja en la redacción de Radio France Internationale y es corresponsal del periódico Página 12 en París.
http://www.other-news.info/noticias/2018/03/el-liberalismo-coloniza-en-la-red/#more-14644




193 - La idiotización de la sociedad como estrategia de dominación


1 diciembre, 2017

La idiotización de la sociedad como estrategia de dominación
Publicado por cuartaposicion

La gente está imbuida hasta tal extremo en el sistema establecido, que es incapaz de concebir alternativas a los criterios impuestos por el poder.

Para conseguirlo, el poder se vale del entretenimiento vacío, con el objetivo de abotagar nuestra sensibilidad social, y acostumbrarnos a ver la vulgaridad y la estupidez como las cosas más normales del mundo, incapacitándonos para poder alcanzar una conciencia crítica de la realidad.



En el entretenimiento vacío, el comportamiento zafio e irrespetuoso se considera valor positivo, como vemos constantemente en la televisión, en los programas basura llamados “del corazón”, y en las tertulias espectáculo en las que el griterío y la falta de respeto es la norma, siendo el fútbol espectáculo la forma más completa y eficaz que tiene el sistema establecido para aborregar a la sociedad.




En esta subcultura del entretenimiento vacío, lo que se promueve es un sistema basado en los valores del individualismo posesivo, en el que la solidaridad y el apoyo mutuo se consideran como algo ingenuo. En el entretenimiento vacío todo está pensado para que el individuo soporte estoicamente el sistema establecido sin rechistar. La historia no existe, el futuro no existe; sólo el presente y la satisfacción inmediata que procura el entretenimiento vacío. Por eso no es extraño que proliferen los libros de autoayuda, auténtica bazofia psicológica, o misticismo a lo Coelho, o infinitas variantes del clásico “cómo hacerse millonario sin esfuerzo”.

En última instancia, de lo que se trata en el entretenimiento vacío es de convencernos de que nada puede hacerse: de que el mundo es tal como es y es imposible cambiarlo, y que el capitalismo y el poder opresor del Estado son tan naturales y necesarios como la propia fuerza de gravedad. Por eso es corriente escuchar: “es algo muy triste, es cierto, pero siempre ha habido pobres oprimidos y ricos opresores y siempre los habrá. No hay nada que pueda hacerse”.

El entretenimiento vacío ha conseguido la proeza extraordinaria de hacer que los valores del capitalismo sean también los valores de los que se ven esclavizados por él. Esto no es algo reciente, La Boétie, en aquel lejano siglo XVI, lo vió claramente, expresando su estupor en su pequeño tratado Sobre la servidumbre voluntaria, en el que constata que la mayor parte de los tiranos perdura únicamente debido a la aquiescencia de los propios tiranizados.

El sistema establecido es muy sutil, con sus estupideces forja nuestras estructuras mentales, Y para ello se vale del púlpito que todos tenemos en nuestras casas: la televisión. En ella no hay nada que sea inocente, en cada programa, en cada película, en cada noticia, siempre rezuma los valores del sistema establecido, y sin darnos cuenta, creyendo que la verdadera vida es así, nos introducen sus valores en nuestras mentes.



El entretenimiento vacío existe para ocultar la evidente relación entre el sistema económico capitalista y las catástrofes que asolan el mundo. Por esto es necesario que exista el espectáculo vacuo: para que mientras el individuo se autodegrada revolcándose en la basura que le suministra el poder por la televisión, no vea lo obvio, no proteste y continúe permitiendo que los ricos y poderosos aumenten su poder y riqueza, mientras las oprimidos del mundo siguen padeciendo y muriendo en medio de existencias miserables.

Si seguimos permitiendo que el entretenimiento vacío continúe modelando nuestras conciencias, y por lo tanto el mundo a su antojo, terminará destruyéndonos. Porque su objetivo no es otro que el de crear una sociedad de hombres y mujeres que abandonen los ideales y aspiraciones que les hacen rebeldes, para conformarse con la satisfacción de unas necesidades inducidas por los intereses de las élites dominantes. Así los seres humanos quedan despojados de toda personalidad, convertidos en animales vegetativos, siendo desactivada por completo la vieja idea de luchar contra la opresión, atomizados en un enjambre de egoístas desenfrenados, quedando las personas solas y desvinculadas entre ellas más que nunca, absortas en la exaltación de sí mismas.

Así, de esta manera, a los individuos ya no les queda más energía, para cambiar las estructuras opresoras (que además no son percibidas como tales), ya no les queda fuerza ni cohesión social para luchar por un mundo nuevo.

No obstante, si queremos revertir tal situación de enajenamiento a que estamos sometidos, solo queda como siempre la lucha, solo nos queda contraponer otros valores diametralmente opuestos a los del espectáculo vacuo, para que surja una nueva sociedad. Una sociedad en que la vida dominada por el absurdo del entretenimiento vacío sea tan solo un recuerdo de los tiempos estúpidos en que los seres humanos permitieron que sus vidas fueran manipuladas de manera tan obscena.

Autor: Fernando Navarro

Fuente: La Haine
https://cuartaposicionblog.wordpress.com/2017/12/01/la-idiotizacion-de-la-sociedad-como-estrategia-de-dominacion/




192 - Sujetos felizmente manipulados, no gracias


Sujetos felizmente manipulados, no gracias

Un punto de partida para comprender el alcance de la masiva fuga de datos de usuarios de Facebook y su uso político es centrarnos en la oscura relación entre las empresas y las agencias de inteligencia.
Por Slavoj Zizek


Mark Zuckerberg, fundador de Facebook, debió dar explicaciones ante los congresistas norteamericanos.
Si hay una figura que se destaca por ser el héroe de nuestro tiempo es Christopher Wylie, un canadiense gay vegano que, a los 24 años, se le ocurrió una idea que llevó a la fundación de Cambridge Analytica, una empresa de análisis de datos que tuvo un rol clave en el referéndum en el que ganó la separación del Reino Unido de la Unión Europea. Más tarde, Wylie se convirtió en una figura clave en las operaciones digitales durante la campaña electoral de Donald Trump, creando la herramienta de guerra psicológica de Steve Bannon. Su plan era irrumpir en Facebook y cosechar los perfiles de millones de usuarios en Estados Unidos y usar su información privada y personal para crear perfiles psicológicos y políticos sofisticados, y luego llenarlos con anuncios políticos destinados a trabajar en su maquillaje psicológico. En cierto punto, Wylie estaba realmente asustado: “Es una locura. La compañía ha creado los perfiles psicológicos de 230 millones de estadounidenses. ¿Y ahora quieren trabajar con el Pentágono? Es como Nixon con anabólicos”.

Lo que hace que esta historia sea tan fascinante es que combina elementos que generalmente percibimos como opuestos. La derecha alt-right se presenta como un movimiento que se dirige a las preocupaciones de la gente común, blanca, profundamente religiosa y muy trabajadora que representa los valores tradicionales simples y odia las excentricidades corruptas como homosexuales y veganos pero también a nerds digitales, y ahora nos enteramos que sus triunfos electorales estaban dirigidos y orquestados precisamente por uno de esos nerds que representa todo a lo que ellos se oponen....  Hay más que un valor anecdótico en este hecho: es evidentemente una señal de la vacuidad del populismo de la derecha alternativa que tiene que depender de los últimos avances tecnológicos para mantener su atractivo provinciano. Además, disipa la ilusión de que ser un nerd informático marginal significa automáticamente una posición antisistema “progresiva”. A un nivel más básico, una mirada más cercana al contexto de Cambridge Analytica clarifica cómo la manipulación fría y el cuidado del amor y del bienestar humano son las dos caras de la misma moneda.


Christopher Wylie, el analista que reveló el escándalo de Cambridge Analytica y Facebook.
En El nuevo complejo militar-industrial de grandes volúmenes de datos Psy-Ops, que apareció en The New York Review of Books, Tamsin Shaw aclara “las empresas privadas desempeñan un papel en el desarrollo y despliegue de tecnologías de conducta financiadas por el gobierno”; el caso ejemplar de estas compañías es, por supuesto, Cambridge Analytica:

“Dos jóvenes psicólogos son fundamentales en la historia de Cambridge Analytica. Uno es Michal Kosinski, que concibió una aplicación con un colega de la Universidad de Cambridge, David Stillwell, que mide los rasgos de personalidad analizando los “me gusta” de Facebook. Luego fue usado en colaboración con el Proyecto de Bienestar Mundial, un grupo del Centro de Psicología Positiva de Pennsylvania que se especializa en el uso de datos para medir la salud y la felicidad para mejorar el bienestar. El otro es Aleksandr Kogan, quien también trabaja en el campo de la psicología positiva y ha escrito ensayos sobre la felicidad, la bondad y el amor (según su currículum, un artículo anterior se tituló ‘Down the Rabbit Hole: A Unified Theory of Love’ ‘Adentro del agujero del Conejo: Una Teoría Unificada del Amor`). Dirigió el Laboratorio de Prosicialidad y bienestar, bajo los auspicios del Instituto de Bienestar de la Universidad de Cambridge”.

Lo que debería atraer nuestra atención aquí es el “cruce bizarro de investigación sobre temas como el amor y la bondad con los intereses de defensa e inteligencia”: ¿por qué esta investigación provoca tanto interés de las agencias de inteligencia británicas y estadounidenses y contratistas de defensa, con la ominosa Darpa (Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada de Defensa del Gobierno de Estados Unidos) siempre acechando en el fondo? El investigador que personifica este cruce es Martin Seligman: en 1998, “fundó el movimiento de psicología positiva dedicado al estudio de los rasgos y hábitos psicológicos que fomentan la felicidad y el bienestar auténticos, generando una enorme industria de libros populares de autoayuda. Al mismo tiempo, su trabajo atrajo el interés y la financiación del ejército como una parte central de su iniciativa de resiliencia del soldado”.

Por lo tanto, este cruce no está impuesto externamente a las ciencias de conducta por manipuladores políticos “malos”, sino que está implícito en su orientación inmanente: “El objetivo de estos programas no es simplemente analizar nuestros estados de ánimo subjetivos, sino descubrir los medios por los cuales podemos ser “empujados” en el sentido de nuestro verdadero “bienestar” como lo entienden los psicólogos positivos, que incluyen atributos como la resistencia y el optimismo”. El problema es que, por supuesto, este “impulso” no afecte a individuos en el sentido de superar sus “irracionalidades” percibidas por la investigación científica: las ciencias contemporáneas de conducta más bien “intentan explotar nuestras irracionalidades en lugar de superarlas. Una ciencia que está orientada hacia el desarrollo de tecnologías de conducta seguramente nos verá como sujetos manipulables más que como agentes racionales.. Si estas tecnologías se están convirtiendo en el núcleo de las operaciones cibernéticas militares y de inteligencia de Estados Unidos, parece que tendremos que trabajar para evitar que estas tendencias afecten la vida cotidiana de nuestra sociedad democrática”.





Tras el estallido del escándalo Cambridge Analytica, todos estos acontecimientos y tendencias fueron ampliamente cubiertos por los medios de comunicación progresistas, y la imagen general que se desprende de ello, combinado con lo que también sabemos acerca de la relación entre los últimos avances en la biogenética (cableado del cerebro humano , etc.), proporciona una imagen adecuada y aterradora de las nuevas formas de control social que convierten el buen “totalitarismo” del siglo XX en una máquina de control bastante primitiva y torpe. Para comprender todo el alcance de este control, se debe ir más allá de la relación entre las empresas privadas y los partidos políticos (como es el caso de Cambridge Analytica), a la interpenetración de las empresas de procesamiento de datos, como Google o Facebook y las agencias de seguridad del Estado - Assange tenía razón en su libro clave extrañamente ignorado en Google: para entender cómo nuestras vidas están reguladas hoy, y de qué manera esta regulación se experimenta como nuestra libertad, tenemos que centrarnos en las relaciones oscuras entre las empresas privadas que controlan nuestros bienes comunes y las agencias secretas estatales. No deberíamos escandalizarnos ante China sino ante nosotros mismos que aceptamos la misma regulación y creemos que conservamos plena libertad y medios solo para lograr realizar nuestras metas (mientras que en China las personas son plenamente conscientes de que están reguladas).

El mayor logro del nuevo complejo cognitivo-militar es que la opresión directa y obvia ya no es necesaria: los individuos están mucho mejor controlados e “impulsados” en la dirección deseada cuando siguen experimentándose como agentes libres y autónomos de sus propias vidas .... Pero todos estos son hechos bien conocidos, y tenemos que dar un paso más.

La crítica predominante procede en forma de desmitificación: debajo de la investigación que parece inocente sobre la felicidad y el bienestar, se discierne un oscuro y oculto complejo gigantesco de control y manipulación social ejercido por las fuerzas combinadas de corporaciones privadas y agencias estatales. Pero lo que se necesita urgentemente también es la  movida opuesta: en lugar de preguntar solamente qué contenido oscuro está oculto debajo de la forma de investigación científica de la felicidad, deberíamos enfocarnos en la forma misma. ¿El tema de la investigación científica sobre bienestar humano y felicidad (por lo menos en la forma en que se practica hoy en día) es realmente inocente, o ya está permeable al control y la manipulación?.¿Qué pasa si las ciencias no están siendo utilizadas incorrectamente, qué pasa si encuentran aquí precisamente su uso adecuado? Deberíamos cuestionar el crecimiento reciente de una nueva disciplina, “estudios de la felicidad” - cómo es que en nuestra era de hedonismo espiritual cuando el objetivo de la vida está directamente definido como la felicidad, la ansiedad y la depresión están explotando? Es el enigma de este autoboicot de la felicidad y el placer lo que hace que el mensaje de Freud sea más actual que nunca.

Como sucede a menudo, Bhután, un país en vías de desarrollo del Tercer Mundo, explicó las absurdas consecuencias sociopolíticas de esta noción de felicidad: hace dos décadas, el reino de Bután decidió centrarse en la Felicidad Nacional Bruta en lugar del Producto Bruto Interno; la idea fue creación del ex rey Jigme Singye Wangchuck, quien buscó dirigir Bhután al mundo moderno, mientras preservaba su identidad única. Ahora con las presiones de la globalización y el materialismo creciendo, y el pequeño país listo para sus primeras elecciones, el inmensamente popular nuevo rey de 27 años educado en Oxford, Jigme Khesar Namgyel Wangchuck, ordenó a una agencia estatal calcular cuántos entre los 670.000 habitantes del reino son felices. Los funcionarios dijeron que ya habían llevado a cabo una encuesta a unos 1000 personas y hecho una lista de parámetros para ser feliz, semejante el índice de desarrollo que lleva a cabo las Naciones Unidas. Las principales preocupaciones fueron identificadas como bienestar psicológico, salud, educación, buen gobierno, niveles de vida, vitalidad comunitaria y diversidad ecológica... esto es imperialismo cultural, si alguna vez lo hubo.





Deberíamos arriesgarnos un paso más y preguntar sobre el lado oculto de la noción de la felicidad misma, ¿cuándo exactamente puede la gente decir que es feliz? En un país como Checoslovaquia a fines de las décadas de 1970 y 1980 la gente efectivamente ERA feliz. Se cumplían tres condiciones fundamentales para la felicidad entonces. (1) Sus necesidades materiales estaban básicamente satisfechas –no demasiado satisfechas, ya que el exceso de consumo puede generar infelicidad en sí mismo–.  Es bueno experimentar una breve escasez de algunos bienes del mercado de vez en cuando (sin café durante unos días, luego sin carne, luego sin televisor): estos breves períodos de escasez funcionaron como excepciones que le recordaban a las personas que debería alegrarse de que los productos estuvieran generalmente disponibles; si todo está disponible todo el tiempo, la gente toma esta disponibilidad como un hecho de la vida y no apreciarían su suerte. La vida, por lo tanto, se desarrolló de manera regular y predecible, sin grandes esfuerzos ni sorpresas y uno se retiraba a su propio nicho privado. (2) Una segunda característica muy importante: existía el Otro (el Partido) a quien culpar por todo lo que estaba mal, de manera que uno no se sentía realmente responsable -si había una escasez temporaria de algunos bienes, aún si una tormenta causaba un gran daño, era “su” culpa. (3) Y, por último pero no menos importante, había un Otro Lugar (el Occidente consumista) sobre el que a uno le era permitido soñar, aún visitar a veces –este lugar estaba a una distancia correcta, no demasiado cerca, tampoco demasiado lejos–. El deseo era la fuerza que impulsaba a la gente a ir más lejos y terminar en un sistema en que la gran mayoría es definitivamente menos feliz...

La felicidad es por lo tanto en si misma, (en su mismo concepto, como Hegel lo hubiera dicho) confusa, indeterminada, inconsistente - recuerden la respuesta proverbial de un inmigrante alemán a los Estados Unidos cuando le preguntaron “¿Es usted feliz?”, contestó: “Si, si estoy muy feliz aber gluecklich bin ich nicht…”. Es una categoría pagana: para los paganos, el objetivo de la vida es vivir una vida feliz, (la idea de vivir “felizmente toda la vida” es ya una versión cristianizada del paganismo), y la experiencia religiosa o la actividad política mismo son consideradas la más alta forma de felicidad (ver Aristóteles)- con razón el Dalai Lama tiene tanto éxito recientemente rezando por el mundo su evangelio de felicidad y con razón está encontrando la mayor respuesta precisamente en Estados Unidos, el último imperio de la búsqueda de la felicidad.. 

La felicidad consiste en la incapacidad o la poca disposición del sujeto para confrontar las consecuencias de su deseo: el precio de la felicidad es que el sujeto permanece atrapado en la inconsistencia de su deseo. En nuestra vida diaria, (pretendemos) desear cosas que realmente no deseamos, de manera que, en última instancia, lo peor que puede pasar es que obtengamos lo que “oficialmente” deseamos. La felicidad es intrínsecamente hipócrita: es la felicidad de soñar con cosas que realmente no queremos. 



¿No encontramos un gesto similar en gran parte de la política de izquierda?

Cuando un partido radical izquierdista pierde por poco las elecciones y la toma del poder, uno a menudo detecta un oculto suspiro de alivio: gracias a Dios que perdimos, quién sabe en que problema nos hubiéramos metido si hubiéramos ganado... En el Reino Unido, muchos izquierdistas admiten en privado que la casi victoria del Partido Laborista en las últimas elecciones es lo mejor que les pudo pasar, mucho mejor que la inseguridad  que podría ocurrir si el gobierno laborista hubiera tratado de implementar su programa. Lo mismo vale para la perspectiva de una eventual victoria de Bernie Sanders en Estados Unidos: ¿cuáles hubieran sido sus oportunidades contra la arremetida del gran capital? La madre de esos gestos es la intervención soviética en Checoslovaquia que aplastó la Primavera de Praga y su esperanza de un socialismo democrático. Imaginemos la situación en Checoslovaquia sin la intervención soviética: muy pronto el gobierno “reformista” tendría que confrontar el hecho que no había una posibilidad real de un socialismo democrático en ese momento histórico, de manera que tendría que elegir entre reafirmar el control del partido –por ejemplo, estableciendo límites claros a las libertades y permitiéndole a Checoslovaquia convertirse en uno de los países capitalistas liberal– demócratas de Occidente. De alguna manera, la intervención soviética salvó la Primavera de Praga, salvó a la Primavera de Praga como un sueño, como una esperanza que, sin la intervención, una nueva forma de socialismo democrático hubiera emergido.... ¿Y no ocurrió algo similar en Grecia cuando el gobierno de Syriza organizó el referendo contra la presión de Bruselas para que aceptaran las políticas de austeridad? Muchas fuentes internas confirman que el gobierno estaba secretamente esperando perder el referéndum, en cuyo caso debían bajarse y dejar que otros hicieran el trabajo sucio de ajuste. Como ganaron, esta tarea les tocó a ellos y el resultado fue la autodestrucción de la izquierda radical en Grecia.. Sin ninguna duda, Syriza hubiera sido mucho más feliz si hubiera perdido la consulta.                

Entonces, volviendo a nuestro punto de partida, no solamente somo gente “feliz” controlada y manipulada que secretamente e hipócritamente exigen ser manipulados por su propio bien. La verdad y la felicidad no van juntas: la verdad duele, trae inestabilidad, arruina el fluir de nuestras vidas diarias. La elección es nuestra: ¿queremos ser felizmente manipulados o exponernos a los riesgos de la creatividad auténtica?.

* Filósofo y crítico cultural, es profesor en la European Graduate School, director internacional del Birkbeck Institute for the Humanities (Universidad de Londres) e investigador senior en el Instituto de Sociología de la Universidad de Liubliana. Su última obra es Porque no saben lo que hacen (Akal) y Antígona (Akal). Próximamente Territorios inexplorados. Lenin después de octubre (Akal).

Traducción:  Celita Doyhambéhère.


domingo, 1 de noviembre de 2015

180 - Inmoralidad capitalista y ordoliberalismo

180
Inmoralidad capitalista y ordoliberalismo

Fue en el 2.010 que Le Monde Diplomatique publicó un artículo escrito por el filósofo francés Yvon Quiniou llamado “La impostura del capitalismo moral” que me parece interesante de compartir en estos momentos en que se habla de un “capitalismo con rostro humano”, de limitar sus “excesos”, de centrar el interés no en la renta sino en las personas, de tener en cuenta el “bien común”, en definitiva,  de su moralización.
Se dice todo esto al mismo tiempo que por todos los medios, incluso los discursos oficiales, se habla del consumo, de incentivarlo, se mide el progreso por la cantidad de compras que las personas hacemos y se tiene como positiva la acción de la minería contaminante, la extracción petrolera no convencional, los agrotóxicos y transgénicos.  Y si esto no alcanzara, se busca ampliar el mercado incorporando  todo aquello que pueda dar ganancias económicas sin importar el costo humano ni social, me estoy refiriendo a legalizar la venta de drogas e incluso fomentar y reglamentar la prostitución.
Se habla de todo esto en una continuidad perversa en que pareciera que es posible limitar al capitalismo  y al mismo tiempo favorecerlo sin tener en cuenta a los humanos ni las consecuencias de esta actitud.



El filósofo se pregunta: ¿No sería tiempo de moralizar el capitalismo?, y reconoce que esta pregunta ya implica que el capitalismo es inmoral. Cita a autores liberales para quienes la moral solamente es aplicable para los humanos pues solamente los humanos podemos realizar acciones que caen dentro de la esfera moral, no los sistemas como el capitalismo o conocimientos técnicos-científicos en los que cabe la economía.
Este es un principio muy querido por el liberalismo, no solamente relativiza la moral volviéndola una cuestión netamente individual, la quita del ámbito político y social. También de este modo crea la ilusión de que los sistemas sociales, en este caso el económico, son una especie de mecanismos, de ruedas y resortes que escapan al designio de las personas, que adquieren vida propia con una conducta un tanto azarosa, equiparándolos de este modo a la naturaleza. Quiniou dice que considerarlos así es tomarlos como si fueran “una realidad objetiva y absoluta, decretada independiente de los hombres (cuando son ellos los que la hacen) y sometida a leyes implacables, análogas a las de la naturaleza y que, por supuesto, no habría que juzgar: no se critica la ley de la gravedad… incluso cuando ocasionalmente pueda hacer mal.”
La moral no sería aplicable entonces, no se puede juzgar a un sistema con los criterios que se usan para los humanos, de este modo, según confirma Yvon Quiniou “La moral aparece entonces en una posición de exterioridad, ya que el capitalismo se sitúa fuera del campo: ni moral ni inmoral, sino amoral.”. Esto es conclusivo, cierra toda posibilidad de evaluarlo y de este modo también se borra de un plumazo la idea de justicia social. ¿Desde dónde decir que la distribución de la riqueza es injusta? Podemos decir que esta distribución es  injusta  así como la naturaleza cuando distribuye el talento entre los hombres, pero eso, para el liberalismo,  no implica que sea inmoral.

Prestemos atención que esta ideología es la que se impone y naturaliza cuando escuchamos hablar del mercado, de oferta y demanda, de niveles de inflación, de rentabilidad, de eficiencia, de productividad, etc. No se habla de personas sino de mecanismos o leyes que en sí mismos no son buenos ni malos, solamente son eso, resortes y engranajes, ante los cuales solamente podemos precavernos para que seamos favorecidos o no dañados.

Yvon Quiniou  recordando a Marx  dice que  al contrario de la opinión liberal “la economía está constituida por prácticas por las que algunos (los capitalistas) se comportan de una determinada manera con respecto a otros (los obreros y asalariados en general) explotándolos, sometiéndolos a ritmos infernales, despidiéndolos so pretexto de competitividad, u oponiéndolos los unos contra los otros mediante una cultura de resultados o nuevas reglas de management, que hoy se sabe hasta qué punto generan un sufrimiento laboral verdaderamente insoportable.”

Esto significa que todos los sistemas sociales son creaciones humanas, son prácticas, modos de relación, y que por lo tanto, en cuanto conductas pueden y deben ser evaluados en términos morales. Al mismo tiempo, y vale precisar esto, al haber sido instituidos por las personas  no son parte de la naturaleza ni tienen “leyes” en el mismo sentido que aquella, y lo que es más importante, los humanos no estamos sometidos a ellos y ni debemos acatarlos, sino que está en nuestras posibilidades cambiar estos sistemas, incluso eliminarlos para poner otros en su lugar. Debemos romper con la idea de que solamente los individuos podemos ser considerarnos bajo el aspecto moral y ampliar la mirada sobre todas nuestras acciones aún las que aparecen como alejadas, por lo tanto, los sistemas, en cuanto creaciones humanas, deben ser también puestos bajo la óptica moral en cuanto favorecen o dañan a la personas.




Otro filósofo, Immanuel Kant  estableció que el criterio de lo universal ordena respetar al otro y no instrumentalizarlo, y exige promover su autonomía.  Esto implica suprimir toda dominación, opresión y explotación en cuanto  rompen con este respeto y vuelven a las personas instrumentos, objetos para beneficio de algunos,  al tiempo que limitan su autonomía  e impiden su desarrollo personal.
Si analizamos al capitalismo desde esta perspectiva y sobre todo en vista a las consecuencias prácticas que ha tenido y sigue ejerciendo sobre las comunidades, como fomenta la creación y sostenimiento de la pobreza, de la exclusión, de los conflictos sociales, de la destrucción del planeta y por lo tanto, de la humanidad en cuanto especie,  iremos viendo su verdadera cara.

Cito el párrafo con que Ivon Quiniou cierra su artículo:
“En verdad la moralización del capitalismo se revela rigurosamente imposible, ya que este es en sí mismo inmoral, se pone al servicio de una minoría afortunada, instrumentalizando a los trabajadores y negando su autonomía. En realidad, exigir su moralización debería llevar a exigir su supresión, cualquiera fuese la dificultad de la tarea.”





Incluyo aquí el artículo: El “Ordoliberalismo” de José María Mella Marques* que fue publicado en octubre del 2.015 por Other News y que muestra el posicionamiento que hace de sí mismo el capitalismo y su pretención de estar más allá de lo moral e incluso de las leyes y la democracia misma. (*Catedrático de la Universidad Autónoma de Madrid.)

“Un estudiante me preguntó recientemente cómo era posible que el acuerdo económico impuesto a Grecia por la troika fuese en contra de las decisiones democráticas del pueblo griego. La respuesta me permitió explicarle las bases doctrinales de la UE actual.

La UE se asienta fundamentalmente sobre las bases del llamado “ordoliberalismo”- pensamiento económico dominante en Alemania-, que tiene su origen en la Escuela de Friburgo nacida en los años 30 del pasado siglo.

El “ordoliberalismo”, doctrina incuestionable para la clase dirigente alemana, se basa en normas jurídicas dotadas de un rango superior a la soberanía política. Son normas inmutables, no sometidas al voto democrático. El soporte último de la ley no es el Parlamento alemán, sino el Tribunal Constitucional.

No son las mayorías políticas o los resultados de un referéndum los que determinan el orden jurídico. Al contrario, las normas jurídicas son las que determinan las relaciones del Estado con la economía. Y, además, para evitar un uso arbitrario de la acción de gobierno, la intervención en la economía debe hacerse por instituciones “independientes”.

Una institución “independiente” es el Banco Central Europeo (BCE), hecho a la medida del Bundesbank, el banco central alemán. El objetivo fundamental del BCE es la estabilidad de precios; objetivo que forma parte de las normas jurídicas y, por tanto, es ajeno al debate político.

Esta es una diferencia importante con los bancos centrales de los países anglosajones (Reserva Federal de Estados Unidos, el Banco de Inglaterra), donde el pleno empleo y el crecimiento económico son objetivos principales y sus políticas son objeto de controversia pública.

En el caso del Bundesbank y del BCE, el objetivo de estabilidad monetaria exige el control de la evolución de la cantidad de dinero y de la inflación como prioridades absolutas. Cualquier exceso de demanda sobre oferta que pueda poner en peligro el objetivo de precios debe ser controlado de inmediato. De ahí que el comportamiento de los agentes sociales (trabajadores, empresarios y gobiernos), en materia de salarios, precios y políticas económicas, deban atenerse a los mandatos del BCE.

El objetivo de estabilidad monetaria determinó en 1999 el llamado “Pacto de Estabilidad” por el cual los Estados miembros de la Eurozona están obligados a tener presupuestos equilibrados y no incurrir en déficits públicos excesivos (superiores al 3% del PIB). Por si fuera poco con dicho Pacto, recuerden los lectores que el gobierno español tuvo que modificar la Constitución en 2011 -artículo 135- en apenas semanas, por exigencia de la troika, para garantizar los preceptos europeos de déficit estructural (diferencia entre ingresos y gastos públicos de carácter permanente, sin tener en cuenta los efectos del ciclo económico).

En 2013, entró en vigor el “Pacto Fiscal Europeo”, para incrementar la disciplina fiscal de la eurozona, que introduce la llamada “regla de oro presupuestaria” que limita el déficit estructural al 0,5% del PIB, aunque la ley de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera de España de 2012 ha sido aún más estricta marcando como objetivo el 0%. Otro día hablaremos de los propósitos y de las realidades.

El “ordoliberalismo” significa que estos preceptos no pueden, insisto, verse contrariados por el ejercicio de la democracia, porque forman parte de “la economía y sus reglas”. Son los componentes de la “jaula de hierro” de la Escuela de Friburgo a los que, como dijo un periodista de Le Monde Diplomatique recientemente, la economía y los políticos deben someterse.

Pues bien, el “ordoliberalismo” sostiene sin matices que en Grecia hay que controlar el déficit y la deuda pública, sea como sea. Así se entiende que Juncker, el presidente de la Comisión Europea, declare “No puede haber elección democrática en contra de los tratados europeos” o que Schäuble, el ministro de finanzas alemán, sentencie que “No se puede dejar que unas elecciones cambien cualquier cosa”.

Así se entiende un poco más, creo yo, lo que pasó con el acuerdo del trece de julio pasado entre Grecia y la Eurozona.”









viernes, 6 de febrero de 2015

148 - Jóvenes supernumerarios

148
Jóvenes supernumerarios

Comparto  extractos de un interesante texto escrito por Eduardo Rosenzvaig  titulado: Argentina: Un supermercado lleno de vacíos y de jóvenes *

¿Qué propone el capitalismo a los jóvenes? En primer lugar más capitalismo. En segundo lugar llenarlos de vacíos. Tercero el éxito si uno logró llenarse de capitalismo y de vacíos. Ahora, de no alcanzar el éxito, le propone a uno la cuarta medida, el autismo. Todo en una marcha hacia adelante dejando la Tierra atrás, el Hombre atrás, la Sociedad muy atrás. La educación del capitalismo debe servir –aunque no se diga– para las cuatro requisitorias: más capitalismo, más vacíos, más éxitos, más autismo, con menos Tierra, menos Hombre y menos Sociedad.

Diego Rivera

Todo lo que se hace en las ciudades de marchar contra la inseguridad es un absurdo. Primero porque las “manchas de aceite”, esa forma de crecimiento de las megalópolis impuesta por el capital inmobiliario y los combustibles fósiles baratos, las hacen irrecuperables, imposibles de vivir con dignidad. Segundo porque la inseguridad es el propio corazón del capitalismo, desde la flexibilización laboral a la cajera del súper trabajando sin el sueño peligroso de un embarazo, pero también la inestabilidad de las bolsas, del salario, del arrastre en las crisis, o los vaivenes del rating como certificado de “calidad” de la cultura.
El capitalismo odia hoy a los jóvenes porque no los necesita. Los odia porque necesita unos pocos y no sabe qué hacer con el resto. Transformado en un prototipo único y totalitario, requiere de unos pocos jóvenes sabiendo que el resto se volverá violento contra él, percibiendo su exclusión, el vacío en medio de los chistes de los Tinelli[1] que los siguen convocando a bailar como un mono por un sueño que no llega y no llegará. Tinelli, Mirtha[2] y Susana[3] gritan sobre la “inseguridad”. Parece una broma de una compañía de farsantes. Humor callejero. Pero no, es algo mucho más serio. Son parte del modelo que dejó a millones de jóvenes sin nada en los últimos años, sin trabajo, sin algo más allá de la furia, y ahora los tres gritan que si no se hace algo contra los jóvenes no se podrá seguir viviendo en un lugar como éste. Los llenaron de vacíos que ahora los chicos cubren con ira. El propio modelo les vende la violencia de diez mil formas, entonces políticos y famosos y ricos exigen que se baje la imputabilidad de los menores, apalearlos, matarlos para que aprendan.….
La noche de los pobres. Diego Rivera







…¿Por qué unos chicos alimentados durante todos sus pocos 
años con la violencia de la calle, la violencia
política sistémica, la violencia de desigualdad acompañada por la violencia mediática y la violencia de no ser nada entre seres que lo mastican todo, no van a matar por una cartera? Denme una razón. Una sola. Están suicidados. Lo intuyen. Lo saben.
Privados de estímulos sociales, privados de estímulos políticos, privados de estímulos estéticos y de justicia, sometidos a los estímulos del mercado casi exclusivamente, los jóvenes se parecen a aquel experimento del que hablaba Eric Fromm: individuos encerrados en celdas aisladas, con temperatura e iluminación constantes, a los que se hacía llegar comida pero, privados absolutamente de estímulos, se observaba a los pocos días rasgos patológicos, a menudo de carácter esquizofrénico. Se quitan a los jóvenes los estímulos de la naturaleza y la propia construcción humana o social, para luego exigirles que no sean psicóticos. De hecho seres como Tinelli, Mirtha, Susana son esquizofrénicos cuando actúan en nombre de la seguridad luego de generar cultura carente de otros estímulos que no sean las caras, los culos y el dinero para millones que no tienen nada.

…El hombre se distingue del mono en la autoconciencia. La tarea de la educación hoy, me parece, es la de crear grandes mecanismos formadores de autoconciencia. A los jóvenes se los quiere deshominizar en el sentido de la autoconciencia y hominizar en el sentido del mirar, ni siquiera ya del consumir. Cuando los medios o su producción simbólica, es decir la producción simbólica de los poderosos hablan de inseguridad están hablando de otra cosa. Hablan sin decirlo de los inseguros. Es el nuevo terrorismo. Los inseguros son los jóvenes. Fuentealba[5] era un joven. Los jóvenes son terroristas. Hace unos cinco años la cadena CBN hizo una encuesta a los norteamericanos sobre si aceptaban o no torturar a un terrorista para quitarle información. El 45% estuvo de acuerdo. Los medios trabajan sobre la población angustiada y desmoralizada creando el peligro del inseguro, el joven, un terrorista. “¿Y si lo torturamos para que declare?” Fuentealba era un inseguro porque ocupaba rutas “donde yo debía conducir mi automóvil con tranquilidad, que para ello pagué el peaje. ¿Y si lo torturamos? No mejor lo matamos y verán cómo las rutas no se insegurizan más”. Resulta que un inseguro, resultado de la inseguridad congénita del capitalismo, ahora es el culpable de la médula del capitalismo. Un inseguro es como un judío para los nazis, un terrorista para Bush, un indio para los Reyes Católicos. Nació un nuevo verbo: insegurizar.
 
La sopa de los pobres. Reinaldo Giudici. 1884
La minoría se reservó lo mejor para sí misma y dejó a los jóvenes el sobrante. Ahora, cuando hay algo que vale la pena quitarle al otro aparece la categoría de Guerra. Y cuando se organiza el Estado y las relaciones sociales para legitimar ese quite al otro, la guerra se torna la primera institución social. La guerra es el cuarto poder del capitalismo.

Con el paso de la revolución industrial a la cibernética floreció una tecnología productiva capaz de provocar la absoluta abundancia. Pero se creó la abundancia superflua, se contaminó la Tierra, y la abundancia liberadora quedó postergada y enterrada más hondo. La cibernética condujo a la guerra masiva sobre los jóvenes dejados sin nada. También guerra entre ellos. A veces no más que un celular para enviar un SMS a Bailando por un sueño y participar. La nueva forma social de participar. Los jóvenes no pueden con tantas necesidades inyectadas en sus cerebros. Los deseos de los jóvenes casi no provienen de ellos mismos sino de las empresas que financian a Tinelli, Susana y Mirtha quienes, a su vez, exigen castigo a los jóvenes con deseos creados por esas empresas. Aún ni los jóvenes a los que les va bien pueden acceder a toda la oferta que creen ya necesitar…

…Los jóvenes pobres son los primeros que fracasan. Fracasa la educación que intenta enseñarles que dos celulares más dos celulares con cuatro, porque el sistema les dice de mil formas que dos celulares más otros dos son; si no tenés plata es un arma para conseguirlos. O una humillación para mirarlos.

Para que este modelo sea creíble necesita que se crea en él. El problema empieza cuando se deja de creer en él. Este sistema tiene una prueba de verdad que es la adhesión, el voto, su afirmación. No reside en la coherencia interna de sus ideales, no, el aplauso es lo que le confiere verdad. De allí que la categoría resistencia sea la más subversiva para el funcionamiento normal de aquella “verdad”. Manifestarse en contra, oponerse, disentir, protestar, rebelarse, construir modelos alternativos de sociabilidad, debates del ser por el ser mismo, desmoronan aquella verdad. La escuela puede constituir resistencia, o bien domesticación e indiferencia. El capitalismo asegura que quiere lo mejor para la sociedad. Demuestra a los jóvenes cómo el socialismo fue lo peor para la sociedad y por ello cayó. Pero esconde bajo una alfombra de hormigón armado que la crisis del capitalismo actual, una crisis civilizatoria, está poniendo en riesgo la vida humana sobre el planeta.

De manera que otro modelo construido sobre las ruinas que él va dejando, no sólo es posible sino que parece la única alternativa. Ahora todo depende de nosotros y sobre todo y, fundamentalmente, de los jóvenes, los desheredados y humillados y ofrecidos como trampas de ratones por su belleza desde la propia televisión que enseña cómo deshacerse de ellos

Ni siquiera los jóvenes creados por la desigualdad del capitalismo y muertos por el capitalismo están a salvo. La chispa de esperanza estriba en saber esto, en reconocerlo, que no están a salvo ni los jóvenes muertos, ni los niños muertos, ni los recién nacidos muertos por pobreza, ni los fetos muertos por las leyes inquisitoriales contra el aborto. No estamos a salvo. Por eso la Escuela debe preparar a los hombres para que entiendan que no hay nada más seguro a la Tierra, al Hombre y a la Sociedad que los jóvenes. La vida de un solo joven es el triunfo del cosmos.

Joven mendigo. Murillo. 1650


*Intervención en un Encuentro de docentes realizado en el mes de noviembre de 2009 en Neuquén, Argentina. Fue enviado por el autor para su publicación en Herramienta.

Fuente dónde se puede leer el texto completo

http://www.herramienta.com.ar/herramienta-web-4/argentina-un-supermercado-lleno-de-vacios-y-de-jovenes




miércoles, 28 de enero de 2015

146 - Palabras sueltas 2

146
Palabras sueltas 2


En estas palabras sueltas de hoy comparto algunos  breves párrafos que por su elocuencia no requieren comentario alguno.

Breve ensayo sobre la diferencia”  Jaime Richart publicado en ARGENPRESS
“Hay demasiados vicios en la vertebración de este sistema político, económico y social que acoge o enriquece voluptuosamente a unos y excluye a otros; hay demasiados vicios como para seguir sosteniendo que éste es el mejor o el menos malo de los sistemas posibles. Pero la principal ponzoña está en su corazón. Está, en su decidido propósito de mantener "las diferencias". Todo su entramado se levanta sobre la sacralización de las diferencias, naturales y luego sociales, entre los individuos que pueblan las naciones y el planeta. Pues, en lugar de esforzarse por superarlas y corregirlas cuanto sea posible como resulta lógico para los bien nacidos, la idea en sí misma y los mecanismos del sistema actúan precisamente en sentido contrario acentuando de distintos modos las diferencias entre los seres humanos.”





“ningún estamento dominante ha cedido sus posiciones ante la razón, sino ante una correlación de fuerzas capaz de descabalgarlo.”
Sylviane Dahan


Perú. Democracia burguesa al desnudo: A propósito de Humala” por Voz Proletaria
 “La democracia burguesa”, de la que tanto se ufanan los capitalistas y sus amanuenses, es el escenario donde se desnudan todas las miserias y flaquezas políticas de sus “clases dirigentes”, el lugar donde exhiben sin tapujos sus mezquinos intereses de grupo y, sobre todo el engaño y falsas promesas al pueblo que los eligió. V.I. Lenin, refiriéndose a la democracia burguesa, decía: que los hombres en política, siempre serán víctimas necias del engaño propio y de los demás, si detrás de las frases amistosas sobre igualdad, libertad, fraternidad, etc., no saben distinguir los verdaderos intereses de clase a los que representan.

Los defensores de la democracia burguesa, critican furiosamente a los países socialistas como “dictaduras” y se jactan de su “democracia” como el sistema social más avanzado, donde el pueblo soberano elige periódicamente a sus gobernantes. Todo esto no pasa de ser una farsa, como lo señala V. I. Lenin, “La democracia burguesa” siempre será una democracia formal y aparente, una democracia al servicio de un pequeño grupo, la burguesía; frente a la inmensa mayoría del pueblo trabajador.

Goebbels, siniestro Ministro de Propaganda del gobierno Hitleriano, consciente de la naturaleza engañosa de la “democracia burguesa” decía: “miente, miente que algo queda”. Este principio de la política nazi, es aplicado por nuestros políticos criollos.”

Fuente: http://www.argenpress.info/2012/02/peru-democracia-burguesa-al-desnudo.html

 
Diego Rivera

La madre de todas las violencias  por  Silvana Melo (APE)
“Entre el 1% de la población que se queda con el 16,5% del ingreso nacional y los diez millones de pobres diseminados en puntos clave del país hay bastante más que una brecha. La desigualdad es un quiste sistémico que se ha plegado y replegado en la historia como las mareas. Que tiene el gesto atávico de los pibes del norte. O la cara sucia de los que esperan los camiones de madrugada en el Ceamse. La desigualdad es la hija de la caída del Muro, del fin de la historia, del síncope de las ideologías, del fundamentalismo del mercado, de la retirada del Estado, de la muerte de las alternativas, de los sueños rotos y esparcidos en el camino, como vidrios que rajan los pies de los que todavía se atreven. La desigualdad es la madre de la cesantía de la felicidad, del éxodo hacia las afueras del mundo al que fueron condenadas las multitudes que no calificaron para el adentro. De las enfermedades que resucitan como lázaros famélicos y se devoran los huesos de los pobres en la sobremesa somnolienta de los ricos. La desigualdad es la madre de todas las violencias.

Entre 1950 y 1974 el promedio de participación de los trabajadores asalariados en la distribución de la riqueza era de una media del 44,5%, dice Gustavo Sierra en un informe publicado por Clarín. Eran los tiempos del “50 y 50”, cuando los trabajadores disputaban la distribución de los ingresos en la calle y se iba gestando el huevo serpentario del genocidio que el poder económico utilizó como herramienta para imponer su modelo basado en la inequidad y el terror. Durante la dictadura el nivel de participación cayó en picada en pocos años hasta el 22,5%. La crisis de 2001, con un protagonista que tuvo la habilidad de enancarse en la dictadura y en dos gobiernos de estética democrática, alejó sin piedad a los trabajadores sobrevivientes de la participación en los ingresos nacionales: un 20,9%. En 2006 recién apareció un repunte hasta el 25,07 y hoy siguen siendo apenas las sobras lo que reciben desde banquete de los poderosos.”

Raúl Vaneigem
“Los que hablan de revolución y de lucha de clases sin referirse explícitamente a la vida cotidiana, sin comprender lo que hay de subversivo en el amor y de positivo en el rechazo de las obligaciones, tienen un cadáver en la boca”.


Henry Miller




Henry Miller
Fragmento del capítulo 20 de Sexus










“Durante siete días y siete noches estuve solo. Empecé a pensar que Mona me había dejado. Telefoneé dos veces, pero su voz sonaba lejana, perdida, consumida por la pena. Recordé las palabras del señor Einstein. Me preguntaba si la habrían hecho volver al redil.
Después, un día, hacia la hora de cerrar, salió del ascensor... y se detuvo ante mí. Iba vestida totalmente de negro, excepto un turbante malva que le daba aspecto exótico. Se había producido una transformación. Los ojos se habían vuelto todavía más apacibles, la piel más translúcida. Su figura se había vuelto seductoramente suave, su porte más majestuoso. Tenía el aplomo de una sonámbula.
Por un momento, apenas si podía dar crédito a mis ojos. Había algo hipnótico en ella. Irradiaba poder, magnetismo, encantamiento. Era como una de esas mujeres del Renacimiento que te miran fijamente con una sonrisa enigmática desde un cuadro que retrocede hasta el infinito. En los pocos pasos que dio antes de arrojarse en mis brazos sentí un abismo, como no había sabido nunca que pudiera existir entre dos personas, que se cerraba. Era como si la tierra se hubiese abierto entre nosotros, como si, mediante un esfuerzo supremo y mágico de la voluntad, ella hubiera salvado el vacío de un salto y se hubiese reunido conmigo. El suelo sobre el que estaba hacía un momento desapareció, se deslizó hasta un pasado del todo desconocido para mí, así como la plataforma continental se desliza en el mar. Nada tan claro y tangible como esto se formuló en mi mente entonces; hasta después -porque reviví aquel momento una y otra vez posteriormente- no entendí la naturaleza de nuestra reunión.
Todo su cuerpo me transmitía una sensación extraña al tacto, al apretarla contra mí. Era el cuerpo de un ser que había renacido. Era un cuerpo enteramente nuevo el que me entregaba, nuevo porque contenía algún elemento que hasta entonces había faltado. Por extraño que pueda parecer decirlo así, era como si hubiese regresado con su alma... y no su alma privada, individual, sino el alma de su raza. Parecía estar ofreciéndomela como un talismán.”









domingo, 6 de julio de 2014

112 - De la esclavitud a la prostitución

112
De la esclavitud a la prostitución

Hoy compartiremos párrafos de un artículo que me pareció muy interesante y claro que nos habla de una visión diferente del trabajo a la que se tiene normalmente. Se llama “El trabajo en el capitalismo: de la esclavitud a la prostitución”


“…lo que sucede en el mundo del trabajo en el sistema capitalista. Y cuando hablo de lo que implica trabajar en el capitalismo, me refiero no sólo a lo que sucede dentro de la fábrica, taller, parcela, comercio y oficina (privada o gubernamental); también incluyo lo que sucede cuando un desempleado acude desesperado a una entrevista de trabajo.

Así, en un sistema económico como el nuestro que no garantiza el trabajo para todos, el problema de los trabajadores empieza cuando, previamente, se encuentran desempleados. Es fundamental entender que en este sistema el trabajo no se garantiza porque, de hecho, el desempleo ocupa un lugar esencial en la dinámica del capitalismo. Algunos economistas críticos han sostenido que el desempleo le sirve al capitalismo para mantener los salarios bajos, pues entre más personas desempleadas haya que quieran trabajar, los empleadores tendrán la oportunidad de mantener y ofrecer un sueldo más bajo. Pero más allá de especular con la oferta y la demanda de mano de obra, lo que casi no se menciona es que el desempleo coloca a la persona en una situación de hambruna y precariedad que la hace dócil frente al empleador, casi a punto de implorarle que por favor la explote.

Este juego inherente al capitalismo, donde se trata al trabajador como a una mercancía cualquiera, al grado de orillarlo a considerarse a sí mismo como un objeto, lo criticó Marx claramente en los Manuscritos económico-filosóficos de 1844: “Cuando la oferta es considerablemente mayor que la demanda, una parte de los obreros se ve empujada a la mendicidad o condenada a morir de hambre. La existencia del obrero se halla reducida, por tanto, a la condición propia de cualquier otra mercancía. El obrero se ha convertido en un objeto y puede darse por satisfecho cuando encuentra comprador”[2].



Cuando todavía no conocía los Manuscritos de Marx, Georg Lukács,  desarrolló su teoría de la “cosificación” (también conocida como “reificación”), partiendo del fetichismo de la mercancía de El capital.  Dicho de manera sencilla, la “reificación”, en el ámbito de las relaciones humanas consiste en tratar a las personas como si fueran cosas. Pero eso no sucede, según Lukács, porque a alguien se le ocurra tratar a una persona como a cualquier objeto; la “cosificación” no es un problema de la voluntad de individuos aislados, es un problema inherente al sistema capitalista cuya lógica mercantil poco a poco ha ido infectado todas las relaciones entre humanos[3], y no sólo las relaciones en el ámbito económico.
Sobre la misma línea de Lukács, Axel Honneth dirá que en la actualidad no existe sólo el problema de que una persona trate a otra como a un objeto. También existe el fenómeno de la “autocosificación”, donde la persona se trata a sí misma como cosa, lo cual se deja ver precisamente en las entrevistas de trabajo. Honneth asegura que en décadas pasadas el entrevistador tenía como función la de “verificar mediante documentos escritos, o testimonios de capacidad, la aptitud de un solicitante para realizar una actividad específica”. Pero ahora, según él, las entrevistas de trabajo sirven para que el entrevistado se venda a sí mismo, es decir: “exigen que el solicitante ponga en escena de modo convincente y ostentoso de qué manera se comprometerá con su trabajo, en vez de tener que informar acerca de las cualificaciones que ya ha obtenido”[4].

Pero el problema no acaba ahí, una vez que el trabajador, o la edecán, ha atravesado por las penurias del desempleo y las humillaciones de la entrevista laboral, se enfrentará, ahora sí, a la brutalidad de los medios de producción, donde tendrá que sufrir las consecuencias de pertenecer a la clase social que no tiene otra cosa que vender más que su propio pellejo. Nuevamente nos remitimos a Marx, aquel filósofo que no estuvo enclaustrado en las paredes de alguna universidad y presenció directamente cómo el trabajador del siglo XIX era tratado peor que un esclavo. Para eso Marx usará dos tonos distintos: el humanista de los Manuscritos de 1844, y el teórico social de El capital. En la primera obra nos habla de la “enajenación” en el trabajo, que consiste en el sometimiento del trabajador para realizar un trabajo propio de las bestias de carga; un trabajo cuyos frutos le serán esquilmados por su patrón; un trabajo que “mortifica su cuerpo y arruina su espíritu”[5]; un trabajo que está muy lejos de contribuir al desarrollo, liberación y fortalecimiento de su esencia humana; y un trabajo del que huirá “como de la peste, en cuanto cese la coacción física”[6].
 
Los pilares de la sociedad. George Grosz. 1926
En la segunda obra Marx nos mostrará las situaciones que pueden ocurrir dentro del centro de trabajo, y dentro de los eternos horarios de trabajo. En El capital aparecen muchos ejemplos de cómo por la hambruna de capital en la Inglaterra decimonónica, perecieron, hombres, mujeres y hasta niños de 8 años, tras inhumanas jornadas de 16 horas, exceso de trabajo forzado, y salarios de hambre. Es tan brutal el capitalismo en los centros de trabajo que no exageró Marx cuando dijo que éste transforma la “sangre infantil en capital”[7]. Tampoco se excedió cuando dijo que en la Inglaterra de ese tiempo, Dante hubiera encontrado “sus más crueles fantasías infernales”[8].

Finalmente, muchos tal vez pensarán que la comparación fue un exceso y, por lo mismo, consideren que es peor el caso donde en un trabajo se orille a las mujeres a prostituirse, que el caso donde se obligue a hombres, mujeres y niños a trabajar en condiciones infrahumanas. Para nosotros las dos situaciones son igual de reprobables y la comparación que hicimos no tuvo como objetivo señalar qué es mejor y qué peor, sino el invitar a que, así como condenamos la posible red de prostitución (desgraciadamente una entre mil), condenemos también las condiciones en las que se trabaja en los sistemas capitalistas, mismas que no han cambiado desde los tiempos en que Marx escribió. Además quisimos dar un panorama general de cómo estamos dentro de un sistema que nos tiene agarrados del cuello antes de trabajar (en el desempleo), en el proceso de ser seleccionados (en la entrevista de trabajo), y dentro de los centros de trabajo (en la fábrica, la oficina, el banco, la escuela, la parcela, el burdel, la oficina gubernamental, etc.). Sólo nos faltó mencionar que “una vez que la explotación del obrero por el fabricante ha concluido y aquél recibe el pago de su salario en efectivo, caen sobre él las partes restantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etcétera”[9].





En alguna charla anterior les comentaba que lo que llamamos nuestro interior tiene sus raíces en el exterior. Es a través de nuestros padres que ese exterior comienza a penetrar en nuestros cuerpos de bebés, es la palabra, el lenguaje el que nos va formando y determinando nuestra moralidad, usos y costumbres y  el modo de pensar. Con el tiempo nos vamos independizando de  nuestros padres e ingresan otras figuras importantes como pueden ser maestros y otros adultos, más adelante, al irnos desarrollando, logramos formar nuestro pensamiento propio, muchas veces luego de cuestionar y rechazar el que nos fue inculcado. Este proceso no se produce de igual manera y profundidad en todas las personas y muchas quedan ligadas a lo que les fue enseñado.

Cuando hablo del afuera, en este caso, también me estoy refiriendo al capitalismo, que es el sistema  social que impera en nuestro planeta y tiende de manera imperialista a imponerse de forma  hegemónica.  De todo lo que implica un sistema con estas características tomo únicamente lo que se refiere a las relaciones que establecemos con los demás y con nosotros mismos. Tal como dice este artículo y lo remonta a Marx, la nota central es la cosificación,  o sea no ver en el otro una persona sino algo que puede satisfacer o interponerse a mis intereses, algo que puede aumentar mis ganancias o producir pérdida.
El otro deja de ser alguien con raciocinio, con capacidad de ejercer su libre albedrío en función de sus propios intereses para convertirse en una pieza que debo manipular para que se ponga a mi servicio y al de mis objetivos.  Es muy claro que la pobreza sostenida e instrumentada desde el poder sirve para tener  mano de obra disponible, la que también es usada por la política profesional y la religiosa.  Otro ejemplo que me resulta muy claro es el de la guerra en el que miles de personas son cosificadas y puestas como piezas de ajedrez,  simples figuras de plástico o madera, que me permitirán obtener nuevos mercado que aumentarán mis rentas.

Ahora, visto desde el  interior esto se transforma en la concepción que tengo de mí mismo, ya fuere como integridad psico física o como un objeto más entre tantos, como una pieza más puesta en un estante del mercado.  En este segundo caso, lo que comenzó siendo exterior se ha convertido en  autocosificación.  Esto sucede no como algo premeditado, o sea que hemos pensado y decidido, sino como una especie de programa inconciente, una matriz en la que voy encajando aquello que encuentro en mi camino en relación conmigo mismo.  
Esto se nota cuando hablo de “mi” cuerpo como algo externo a mí, como una cosa que puedo manipular, armar y  desarmar,  cuando me identifico con los objetos que me rodean o con los que me visto, mucho más grave es cuando ni siquiera es un objeto sino una marca.
El articulista titula su escrito: “de la esclavitud a la prostitución” no en el sentido de una línea ascendente  sino de casi equivalencia. En la esclavitud alguien es mi propietario y yo soy su cosa, el objeto de su propiedad, en la prostitución sucede otro tanto, soy una cosa que me ofrezco para quien quiera pagar por mí. No importa que haya más o menos actitud pasiva en un caso u otro, el fondo es el mismo, me han y me he cosificado, tengo un precio, soy algo en el enorme mercado que es el mundo.







Es inútil pensar si es responsable la persona, ya fuere el trabajador, el desocupado o la persona en prostitución, porque no está en ninguno de ellos la causa sino en un sistema basado en lo deshumano, en la cosificación, la compra venta,  aún el afecto convertido en un contrato, como si las personas fuéramos reemplazables  piezas obsoletas de una máquina.
 Mientras aceptemos estas reglas de juego, este creciente materialismo que nos convierte en consumidores y nos sometamos a su modo de concebir las relaciones, seguiremos presos y condenados a perdernos a nosotros mismos.
Recordemos que nada es eterno y hasta la piedra más dura termina por horadarse, no hay sistemas infalibles ni carentes de fisuras, si buscamos esos espacios de salida en los que lo personal puede batir libremente sus alas, estaremos derrotando a la usura; cada vez que nos atrevamos a hallar placer en una flor, en un atardecer,  en la mirada inocente o en la mano tendida, o en la música que nos conmueve, estaremos rompiendo el muro.
La libertad puede ser construida.



[2]Marx, Karl, y Engels, Federico: Escritos económicos varios, Editorial Grijalbo, México, 1962, p. 28.
[3] Lukács, Georg: Historia y conciencia de clase, Vol. II, Editorial Grijalbo, México, 1985, p. 11.
[4] Honneth, Axel: Reificación. Un estudio en la teoría del reconocimiento, Katz, Buenos Aires, 2007, p. 144.
[5] Marx, Karl, y Engels, Federico: Escritos económicos varios, Editorial Grijalbo, México, 1962, p. 66.
[6]Ibid., p. 66.
[7] Marx, Karl: El Capital, Tomo I, Vol. 1, Siglo XXI, México, 1977, p. 327.
[8] Ibid., p. 296.
[9] Marx, Karl, y Engels, Friedrich: Manifiesto comunista, Crítica, Barcelona, 1998, p. 49.

Fuente:
http://revoluciontrespuntocero.com/el-trabajo-en-el-capitalismo-de-la-esclavitud-a-la-prostitucion/