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sábado, 22 de octubre de 2022

196 - Patriarcado y cumbia

 196 - Patriarcado y cumbia

 

Mucho ya se ha escrito y seguramente se seguirá escribiendo sobre el sistema patriarcal y la violencia hacia las niñas y mujeres y disidencias. Incluso ya hay cátedras universitarias con esta orientación. Esto significa un gran avance que indudablemente es debido a la acción conjunta de miles de mujeres luchando por su vida y dignidad.

Cualquier persona interesada en este desarrollo puede acceder a libros y  artículos  publicados también en internet. Lo difícil no está en esas lecturas sino en lo que es fundamental, en el vivir cotidiano. Es ahí donde el patriarcado está presente, donde se enraiza, crece y sigue dañando a mujeres y hombres.

Toda nuestra cultura está construida teniendo como una de sus columnas a este sistema por eso debemos encontrarlo en cualquiera de todas nuestras actividades, aún las más simples, en los divertimentos, en la música y el baile.

Podría tomar muchos ejemplos, en este momento tengo presente un estilo de  música que se tiene por popular, sea lo que fuere que se quiera significar al llamarla de este modo, y que es escuchada, cantada, bailada por grandes sectores de la sociedad, me refiero a la cumbia. Recuerdo a un grupo de músicos argentinos, más precisamente de la provincia de Santa Fe, Los Palmeras. Un par de letras de sus canciones ilustrarán la forma por la que la violencia hacia las mujeres es enseñada, publicada, promovida. A través de la música es normalizada llevando a la identificación con los personajes que en las letras aparecen.  Tengo en claro que este grupo no representa a todos los otros de este género musical. 

Esta violencia no es expuesta como tal, y eso lo veremos en unos pocos ejemplos, sino como algo natural, lúdico, como un ejercicio que a todo hombre corresponde imitar.

“Tú me abandonaste sin razón 

Y me lastimaste sin piedad 

Ahora, yo te digo lo que sos

Eres mentirosa, traicionera y yo te digo así 

Perra, perra, tú me abandonaste como a un perro 

Perra, ojalá te vayas al infierno 

Perra, tú me abandonaste como a un niño 

Perra, por eso yo ahora te digo así 

 

El título no es precisamente una pieza poética: Perra.

 

¿Qué hizo esta mujer para merecer ser tratada así? Simplemente no sentir lo que este señor querría que sintiese, simplemente alejarse para seguir ambos su vida. Entender esto para el machista es casi una proeza, no puede concebir la libertad en la mujer, que ella sienta y que además sea dueña de su sentimiento y lo haga valer.

Esta letra enseña que los hombres deben desconfiar de las mujeres, que son engañosas, mentirosas, traicioneras, en definitiva “perras” siempre dispuestas a hacernos daño. Que son capaces de actuar “sin razón”. Volvemos a un tópico cultivado cuidadosamente por el patriarcado: la mujer es un ser irracional.

Es precisamente en este punto donde el patriarcado muestra lo que quiere ocultar, el temor que los machistas tienen a las mujeres en cuanto depositarias de amor, en cuanto seres libres que con su partida o no sintiendo lo que el hombre desea,  pueden ser causa de dolor. Sufrimiento no solo por lo amoroso sino también por el narcisismo herido.

El machismo sin quererlo, enseña que los hombres somos débiles, somos como “un niño” y esto también es peligroso, por un lado porque tiende a la mujer la trampa de consentirnos porque “somos como niños”, por el otro la culpa por el posible dolor que nos puede causar con su distancia, y también nos enseña a los varones que no merecemos ese trato, que está bien  que nos resistamos y defendamos porque somos como niños, porque somos tiernos e inocentes en nuestros sentimientos amorosos y por eso ellas deben, indudablemente, corresponderlos.

“Me abandonaste” “me lastimaste” es la queja infantil, no es el texto de un hombre capaz de aceptar y  vivir su dolor hasta que cicatrice. Es desde esta muy peligrosa y falsa posición de niño con odio que puede llegar a matar.

El patriarcado no mira al  hombre, no lo cuestiona, se dirige hacia la mujer a la que construye desde esta misma mirada, la califica y destruye como persona humana.

Esta otra canción la llama “víbora”

 

“como toda serpiente arrastraste el silencio 

y al final la traición ha golpeado mi espalda, 

yo te juro confiado que no lo esperaba 

 

Víbora, 

te irás, en busca de otro, al que lastimar 

antes de marchar, fíjate en la marca que me dejaras, 

que no se borrará”

 


Nuevamente ella es la mala, la que se mueve en función de causar daño al hombre confiado, amoroso, indefenso, la que al final   “te irás, en busca de otro, al que lastimar”. Una vez más se reitera el mismo argumento, en definitiva, el mito inaugural de nuestra cultura occidental y cristiana, el de Adán y Eva, él inocente y confiado, ella la serpiente que seduce y lleva al pecado.

El hombre queda en el lugar del sentimiento, ella en el de la traición y el daño, porque, según Los Palmeras, ella se guía  solamente por su instinto maligno, se va “en busca de otro al que lastimar”. No puede aceptar que ella encuentre otro a quien amar porque eso lo sacaría del lugar de víctima y lo pondría en el lugar de oponente. Ese otro será visto como el rival, el que tiene seguramente otras posibilidades de las que carecería el “abandonado”. El golpe al narcisismo es terrible, se puede tolerar cualquier cosa menos que ella se entregue a otro hombre, que lo disminuya ante la mirada del rival, por eso aquello de “serás mía o de nadie” que puede llevar incluso a matar.

Le dice “víbora”. El hecho mismo de calificar a alguien llamándola como un animal, más allá de la valoración personal que cada uno tenga en relación a estas personas no humanas, en nuestra cultura representa deshumanización, desprecio, calificación de irracional e incapaz de gestos humanos. Llamar a la mujer “perra” o “víbora” implica este acto de violencia extrema por cuanto busca sustraerla de su ser persona.

 

En otra letra aparece claramente su papel de Eva seductora, provocadora de machos. Se niega el contexto, que es una música creada por hombres, cantada y tocada por hombres, y que la forma de bailar también fue ideada por hombres para su propia excitación colocando a la mujer en el lugar que ellos quieren, antes que seductora, objeto para la satisfacción masculina.

 

“Esa nena lo menea despacito, despacito, 

suavecito, suavecito se acaricia el pompón 

tiene cara de nenita 

mientras baila te lo agita 

y mueve la cinturita 

esperando el sol 

ypa colmo la pollera 

se le baja se le sube se le sube se le baja 

mientras mueve el pompón 

de toda esa nenita que se mueve y que se excita 

que se excita y que se agita”

 

El título de esta pieza no deja ningún lugar a dudas: El pompom.

 

Este texto puede servir como un pequeño manual de los gestos para la excitación del hombre, lo que este está esperando que la mujer haga para atraerlo y encenderle las hormonas, pero claro, siguiendo el mito, pone en ella su propio deseo como si ese baile fuera una especie de exhibicionismo de la satisfacción solitaria de esa mujer.

Un detalle que es fácil dejar pasar y ahí está precisamente una de las claves de cómo el patriarcado, de cómo la violencia hacia las mujeres, cómo el abuso se naturalizan: “tiene cara de nenita”.

 

Esa apariencia “cara de nenita” nos remite a lo que en otra letra no tienen ninguna reserva en hacer público. Esta falta de límite, la seguridad de que su declaración no implicará sanción social alguna, sino, al contrario, que será entendida y aceptada por el público, indica la vulnerabilidad a la que se hallan expuestas las niñas y el fondo abusador que implica el machismo.

En Quisiera volver, Los Palmeras dicen:

 

“¿Qué será que, por las noches, ya no puedo ni dormir?

¿Qué será que, cuando callo, yo me acuerdo más de ti?

¿No te das cuenta, mi niña, lo que has hecho de mí?

Me encerraste entre tus rejas y ya no logro salir

Será porque eres pequeña, la vida nos enseñó

A adorar las cuatro letras de una palabra llamada amor

Solo son 14 años que a tu vida ha dado Dios

Para poder comprender lo que sufre un corazón

(Quisiera volver)

A tus brazos, a pedirte una vez más

(Que seas mi mujer)

Por favor, pequeña mía, escúchame

(Escúchame)”

 

Acá no hay lugar a dudas, a interpretaciones, se dirige a una niña, “mi niña”, de 14 años, “será porque eres pequeña”.

Aún “pequeña” como  Lolita, es la causante del infortunio del sufriente varón: “lo que has hecho de mí? Me encerraste entre tus rejas y ya no logro salir”

 

Nada hay encubierto, no hay disfraz alguno para disimular lo que se desea. Eso que busca, eso que pretende, en la mayoría de los países, es un delito, es llamado pedofilia. El sujeto es un criminal pederasta.

“(Quisiera volver)

A tus brazos, a pedirte una vez más

(Que seas mi mujer)”

 

Las letras hablan de quienes las escribieron y las replican en este caso cubiertas por la música y envueltas en un clima de diversión no tan inocente, y también nos hablan de aquellos que las escuchan y repiten, de la cultura de una sociedad, o si se prefiere de una parte importante de ella.

 

No debe extrañar a nadie que siendo coherentes con esta construcción estereotipada de lo que se espera de una mujer, este mismo grupo musical, Los Palmeras, haya dedicado, con el pretexto de ser un campeón deportivo, una canción homenaje a un feminicida, a un hombre que asesinó a su pareja y trató de hacer pasar ese crimen como un accidente, el boxeador Carlos Monzón.

Alberto B. Ilieff

 

 

 

viernes, 31 de octubre de 2014

128 - María Magdalena

María Magdalena. Leonardo Da Vinci


128
María Magdalena









Los datos que aparecen en los evangelios (libros sagrados del cristianismo exclusivamente) sobre María Magdalena 
son muy pocos.  Se la nombra como curada por Jesús, al parecer este había expulsado nada menos que siete demonios que la pobre mujer tenía. También como quien alojó y proveyó materialmente al predicador y sus discípulos cuando estuvieron en Galilea. Se dice que presenció  la crucifixión y la sepultura y fue quien luego hallara el sepulcro vacío. Un solo relator dice que Jesús resucitado se le apareció a ella.  Aunque no son datos históricos, de esto al menos tenemos estas referencias escritas.
Simbólicamente que hubiera sido ella y no un discípulo varón quien encontrara la tumba vacía y que luego el resucitado se le apareciera a ella, es muy significativo.

También es llamativo que se reconociera como un afecto especial de Jesús y que le fuera encomendada la predicación.

 A partir de ahí se desarrollaron distintas historias, se dice que María Magdalena también fue la mujer adúltera que Jesús salva de la lapidación, la mujer que unge con perfumes los pies de Jesús y los seca con sus cabellos antes de su llegada a Jerusalén, también en la disputa entre las hermanas Marta y María.  Lo escaso y lo diluido del texto favoreció a que la imaginación elaborara distintas historias, todas ellas incomprobables pero que con el paso del tiempo y la reiteración fueron adquiriendo estabilidad y perdieran el carácter fantasioso al punto que es difícil hablar de María Magdalena, como de otros personajes, y reconocer que bien pueden ser ficción.

También circula otra historia, tan poco probable como la primera, que dice que en realidad Jesús y María Magdalena eran marido y mujer y que al menos tuvieron un hijo. Recuerdo haber leído hace muchos años un libro, el Santo Grial,  que en ese momento me impresionó mucho y que contaba estos hechos y los cruzaba con otro, en este caso histórico, la historia de los templarios y su extraño final. El libro y la película “El Código Da Vinci” también lo retoma.  Incluso aquel libro decía que en realidad Jesús no murió en la cruz, que fue retirado vivo y se le ayudó a escapar junto con su esposa hacia lo que actualmente es Francia. Evidentemente estas historias no son inocentes, además de entretener, buscan poner el dedo en la llaga, señalar lo más difícil de sostener e imposible de probar de la religión cristiana como es la resurrección de Jesús. El mismo apóstol Pablo se dio cuenta, por eso decía que si Jesús no hubiera resucitado la fe en él sería inútil. Los humanos para creer necesitamos dioses, personajes más allá de lo cotidiano, nacidos de vírgenes, incluso anunciados con cometas y estrellas, muertos de manera escandalosa y resucitados. Este último detalle es lo que los consagra, lo que los coloca en el terreno de lo ajeno a la simple humanidad. Si no hubiera muerto y resucitado sería una persona muy especial, quizá una figura política de su tiempo, un innovador, pero no un dios.
 
María Magnalena. Francesco Hayez


Una página de internet católica refiere otra historia:
“Otra tradición -que prevalece en Occidente- cuenta que los tres "hermanos" (Marta, María "Magdalena" y Lázaro) viajaron a Marsella (en un barco sin velas y sin timón). Allí, en la Provenza, los tres convirtieron a una multitud; luego Magdalena se retiró por treinta años a una gruta (del "Santo Bálsamo") a hacer penitencia. Magdalena muere en Aix-en-Provence, adonde los ángeles la habían llevado para su última comunión, que le da San Máximo.” *
Este mismo sitio web aclara:
“Estas leyendas, naturalmente, no tienen ningún fundamento histórico y, como otras tantas, fueron forjadas en la Edad Media para explicar y autentificar la presencia, en una iglesia del lugar, de las supuestas reliquias de Magdalena, meta de innumerables peregrinajes.”
Lo que no dice que el peregrinaje fue y es sumamente importante antes que por motivos religiosos, por factores económicos, por la riqueza que aporta al centro de peregrinación.

A todo esto debemos agregar los datos aportados por algunos de los evangelios  apócrifos, aquellos que no son aceptados por la iglesia católica. En estos Magdalena tiene una centralidad importantísima lo que habría despertado la oposición de Pedro y un conflicto de poderes que se desarrollará en el tiempo.

En el catolicismo primitivo la mujer tenía un papel importante, fue a través de la consolidación del poder que los varones van corriendo a las mujeres hasta convertirlas en figuras de servicio. En esta puja por el poder cae también María Magdalena la que en el año 591 es convertida por el Papa Gregorio I  en prostituta. El dice:
«Ella, la cual Lucas llama la mujer pecadora, la cual José llama María [de Betania], nosotros creemos que es María, de quien siete demonios fueron expulsados, según Marcos».

Este enunciado no es casual, de este modo se erradica una figura peligrosa para el poder del varón y al mismo tiempo se vuelve a desempolvar el mito de la mujer pecadora e impura a través del sexo. El mito de Eva, la que tentó al inocente de Adán y por la que se perdió el paraíso.

Fue el Papa Paulo VI quien modifica esta postura y le quita el sayo de pecadora en 1969.


Hay varios puntos que me hacen reflexionar en relación a estos cuentos.
En primer lugar la fragilidad de todo aquello que conocemos acerca de los personajes religiosos. El tema de por sí acoge favorablemente todo lo que tenga que ver con la fantasía: milagros varios, curaciones increíbles, demonios, espíritus, ángeles, caminar sobre el agua, resucitar, etc. etc. No solamente esto, los protagonistas, aún en el mejor de los casos en que verdaderamente hayan existido, son adornados y el cuento de su vida manipulado para que encaje en lo que debe ser y sirva para aleccionar a quienes lo leen o escuchan.

Aquello que conocemos como historia y le adjudicamos valor científico también forma parte de este juego. Las pirámides están, son un hecho que no se puede negar,  y como estas, otro tipo de documentos, pero a partir de ellos lo que se elabora, las conclusiones y teorías son interpretaciones realizadas desde el poder científico y en el marco de una ideología determinada y con un fin, reconocido o no, dentro de este marco. Algo que nos puede servir por cercano, la unión del espermatozoide y el óvulo es un hecho, en adelante el momento en que debe ser considerado vida humana y se la puede manipular, abortar, descartar, es materia de interpretación y esta de poder.

María Magdalena. Francesco Furrini





La historia escrita, la  contada, son un relato, que más habla del tiempo presente y sus intereses que del pasado.




El relato acerca de María Magdalena muestra las vicisitudes del paso del tiempo y de los intereses.
En el trato que se le dio no se jugaba quien ella había sido, eso poco importaba, ni siquiera se buscaba probar si verdaderamente había existido, lo que sí se buscaba era acotar el poder de la mujer, someterla, resaltar su parte afectiva pero sumisa al hombre. Era necesario convertirla en gran pecadora para alejarla de la figura de Jesús y de María, los incorruptos. María, la madre, no es peligrosa, fue convertida en un ser extrahumano, elegida por el mismo dios, embarazada por el Espíritu Santo, siempre virgen aún cuando fue madre, llevada al cielo en su muerte con su propio cuerpo. Ninguna mujer de carne y hueso puede comparársele.  Magdalena sí representaba el peligro porque era una común, de un pueblo, una más a la que no se le podía tolerar que fuera elegida por Jesús y puesta por encima de los discípulos varones y de este modo pusiera en cuestión a todo el patriarcado.

Otra cuestión también importante, fue un hombre, Jesús, el que la eligió, otro hombre Gregorio I el que la nombró prostituta, y un tercero Paulo VI el que le quita este apelativo. Son los varones los que de acuerdo a sus intereses crean famas, elevan o tiran los nombres y las historias de las personas. Es el juego que desde el poder se realiza, es  el que dispone de héroes, patriotas, víctimas y victimarios, santos y demonios. Es desde el poder y sus intereses que se ponen nombre a las calles, las escuelas, los puentes. Nombres que señalan hacia un lugar vacío, simples máscaras carentes de toda virtud y salvo  el poder de engañar y confundir.

María Magdalena, fervorosa discípula, esposa, madre, prostituta, penitente, apóstol, todo y nada, simple juguete en manos del únicos dioses sobre la tierra, los señores del poder.
Ante ellos y sus triquiñuelas desarrollemos el antídoto del pensamiento, de la duda, de la no creencia.


http://y-jesus.org/spanish/more/jmm-jesus-y-maria-magdalena-tenian-ellos-un-matrimonio-secreto/

*http://es.catholic.net/op/articulos/34670/mara-magdalena-santa.html


María Magdalena. Tiziano



domingo, 3 de febrero de 2013

42 - Patriarcado 1



42
Patriarcado 1


 
Hoy vamos a continuar con las ideologías pero encarándolas desde un sistema fundamental en la constitución de nuestra sociedad y de nosotros mismos, el sistema patriarcal.
El patriarcado es uno de los más antiguos, ha atravesado distintos momentos históricos, imperios, monarquías, feudos, repúblicas, distintas economías y religiones y en todos los casos se ha adaptado, se ha unido a ellas e impuesto sus condiciones. Con esto quiero señalar que es muy anterior al capitalismo y es muy probable que, si no modificamos profundamente nuestras relaciones, logre sobrevivirlo.
Recordemos que en la humanidad, salvo el cuerpo y sus funciones biológicas, poco queda de eso que llamamos “natural”; y  aún el cuerpo mismo y sus funciones han recibido un trato cultural por lo que han adquirido distintas significaciones a lo largo del tiempo.
El patriarcado a partir de la diferencia anatómica entre el cuerpo del macho y el de la hembra,  ha construido todo un aparato que los distingue entre hombre y mujer, masculino-viril  y femenino, asignando a cada uno roles específicos y una jerarquía social bien determinada.



Es debido a esta ideología que aún desde antes de nacer ya aparecemos diferenciados y marcados con un nombre de varón o de mujer, colores también diferenciados así como la ropa, los juguetes. Las fantasías de los padres acerca del recién nacido también son diferentes si tiene pene o vulva. Se podría decir que a partir del momento en que los padres se enteran del tipo de genitales que tiene el aún feto, ya le endosan todo un repertorio de significaciones que lo irán tejiendo desde ese mismo momento y pesarán como una especie de destino del que le será muy difícil sustraerse.
Luego la educación irá controlando, premiando o castigando el cumplimiento de estos roles: cerrá las piernas, los hombres no lloran, sensible como mujer, marimacho, maricón, pollerudo, no subas a los árboles como un varón, ese color es de nena, los cochecitos son para los nenes, etc y etc.
Podríamos hacer un largo listado de las características diferenciadas que se imponen a cada uno de los sexos y que están presentes a lo largo de toda la vida y marcan modelos de actuación. Las personas que por algún motivo no encajan dentro de estas prescripciones pasan a formar parte de los raros, de aquel grupo que es mirado con cuidado y considerado peligroso.

Las líneas que siguen no pretenden ser un trabajo completo sobre el tema, ni siquiera bosquejar los puntos más salientes, sino ilustrar cómo son las instituciones sociales, como actúan las ideologías y como atraviesan toda nuestra vida aún desde nuestro propio interior y nos compelen a sentir, pensar y actuar de maneras determinadas.

¿por qué lo llamamos patriarcado?

Desde la etimología se podría decir que el patriarcado es el “gobierno de los padres”, en este caso “padres” hace referencia únicamente al varón, por eso se entiende como la forma de organización social en la que el varón ejerce la autoridad en todos los ámbitos, asegurándose la transmisión del poder y la herencia por línea masculina.
El sistema patriarcal implica una forma de organización social en que la autoridad recae en el varón. Este es el jefe indiscutible y también el propietario ya sea de las personas (esposa, hijos, esclavos) como de los bienes.
Si bien surge de la idea de pater familias, del padre de la familia que tenía omnímodo poder, incluso de muerte, esta organización sobrepasa este esquema para constituir a la sociedad toda y encarnarse en el estado que no representa al conjunto social, sino al poder de los varones.






Es un sistema de dominación masculina sobre las mujeres y de producción y reproducción de la especie humana. Pasa por el sometimiento de las mujeres, la represión de la sexualidad femenina y la apropiación de la fuerza del trabajo del grupo dominado.

El varón es el signo por antonomasia, es lo sobresaliente, lo que hegemoniza y nombra, en contraposición, la mujer queda relegada al segundo lugar, a lo oscuro, pasivo, emocional,  menos inteligente, incapaz de pensamiento racional y de tomar decisiones.

Si bien lentamente, en los últimos tiempos, sobre todo con la aparición del feminismo, muchas de las características se han ido modificando, eso no significa que el patriarcado este perdiendo lugar, sino que se ha flexibilizado y adaptado a las nuevas ideas.
Algunas de sus características tradicionales han sido la falta de  independencia económica de las mujeres, la división del trabajo, haciendo que estas carguen con todo el trabajo no remunerado (crianza,  cuidado de enfermos o familiares mayores,  la casa,  la familia, etc.), y cuando realizan trabajos remunerados  lo hacen por menos dinero que los hombres y en tareas de “bajo perfil”,  especialmente de cuidado o asistenciales y en puestos de escasa responsabilidad y poder de decisión. También es conocido el “techo de cristal” que simplemente significa un tope al ascenso laboral, académico o social de la mujer, independientemente de su capacidad o condición personal.

En la sociedad pre-patriarcal las mujeres aportaban en igualdad con los hombres  los alimentos y productos necesarios a los colectivos humanos, participaban con los hombres en la caza o la agricultura itinerante, o sea que se hallaban en situación de paridad.
Se  puede conjeturar que el patriarcado tuvo su origen con el sedentarismo de la humanidad, cuando se inicia la agricultura. Esto implicó  movimientos expansivos por el logro de nuevas tierras para el cultivo y  la división sexual del trabajo en la que la fuerza física, mayor en los hombres, prevaleció sobre la de las mujeres.
Asimismo, es en esos momentos que en se logra un excedente de producción  y su posterior acumulación. Este excedente es tomado por algunos que lo definen como propiedad privada, apareciendo así la desigualdad económica.  Según F. Engels  “la preponderancia del hombre en el matrimonio es consecuencia, sencillamente, de su preponderancia económica” (“El origen de la familia, la Propiedad Privada y el Estado”).  Es entonces cuando la mujer comienza a ser propiedad privada de los hombres, primero del padre, que la dará en matrimonio a quién él crea conveniente siguiendo criterios económicos y de alianzas, y luego del esposo. Paralelamente es el momento de surgimiento de la prostitución, de aquellas mujeres que no son ingresadas a la propiedad privada matrimonial sino que quedan en el espacio público para uso público. La prostitución no puede ser separada históricamente del patriarcado en cuanto sometimiento de la mujer y surgimiento de la propiedad privada y también  en cuanto diferenciación de espacios y bienes. La prostitución es claro indicador de la propiedad privada, marca a los varones como aquellos que tienen los bienes, los que pueden pagar, por lo tanto los que se han apropiado del excedente.

Con la Revolución Francesa esto no es modificado, las mujeres son consideradas personas subordinadas cuya principal misión era procurar la reproducción física de la especie. 








Con la Revolución Industrial  inmensas masas de mujeres son sometidas a largas jornadas laborales y salarios muy inferiores a los de sus compañeros.

En la modernidad el poder de vida y muerte pasa de manos del pater familias al estado, que como gran padre organiza la sociedad en base al sometimiento de los ciudadanos a ese estado y al mismo tiempo garantiza la sujeción de las mujeres no solamente al estado sino también al padre, al marido y a los varones en general.

De este modo la sociedad aparece dividida no solamente en clases sociales basadas en las relaciones de producción sino también de género. Por esto se podría decir que las mujeres, más allá de la clase social a la que pertenezcan,  comparten una posición común de clase social de género pues su producción es apropiada  por los hombres. 




En el patriarcado las diferencias sexuales son tomadas y convertidas en  categorías sociales divididas de manera jerárquica, implicando relaciones de dominio, por lo que necesariamente ya estamos en el plano político. Decir que es político no significa que es externo, cada uno/a de nosotros/as esta construido por estas relaciones y sin darnos cuenta pensamos, sentimos y actuamos en función de ellas.

Al instituirse como modo jerárquico de poder, el patriarcal  se fue extendiendo más allá de la opresión de las mujeres también hacia otros sujetos como las niñas y niños, la juventud o aquellos grupos que por clase social, orientación sexual, origen étnico, preferencia religiosa o política, son minoritarios o diferentes al grupo dominante.
En esto coincide con el capitalismo y su diferenciación en clases sociales con el consabido sometimiento de las inferiores por las superiores. El capital como el patriarcado tienen una flexibilidad tal que les permite ir adaptándose a los cambios que uno y otro sistema van sufriendo. La relación entre ambos hace que sea imposible hablar de un capitalismo puro o de un patriarcado puro, ya que los dos coexisten y se apoyan mutuamente.








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