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miércoles, 28 de junio de 2017

191 - El Tribunal de Estrasburgo ampara a un condenado por pornografía infantil



Esta noticia es relevante en cuanto a partir de ella se puede hacer algunos pronósticos acerca del  movimiento social en general y en especial de las relaciones humanas.

Tengamos presente que estos fallos son solamente posibles a partir del imperio del neoliberalismo.  El neoliberalismo no es solamente un modo de encarar la economía sino toda una ideología, que como tal, incluye las relaciones que tenemos con nuestros congéneres y aún con nosotros mismos. Implica un mundo de significados que se nos va imponiendo y en este orden son los que fundamentan los diversos fallos judiciales que en distintos ámbitos se van dictando.

Tomemos como punto de partida  aquella entrevista en la que Margaret Thatcher se preguntaba '¿quién es la sociedad?' y ella misma respondía 'no existe tal cosa, tan sólo individuos, hombres y mujeres'

Al parecer, cuando se me enseñó que la familia es la célula primaria de la sociedad, desde el punto de vista de Thatcher y quienes como ella piensan, se me estuvo mintiendo descaradamente, se me hizo creer en otra fantasía como la de los reyes magos que cada año me traían sus regalos, pues la sociedad no existe. Claro, la consecuencia es que entonces la familia ya no es célula de algo, ya no es célula, o sea, la familia tampoco es. ‘tan sólo individuos, hombres y mujeres'   Seres aislados, encerrados en sí mismos que deambulamos por el universo sin posibilidad de unirnos, de concretar formaciones más amplias, más comprensivas, inclusivas.

El fallo de esta corte  de Derechos Humanos es representativo de este pensamiento pues deja de lado a la sociedad  y corona al individuo como superior a ella. Un individuo, en este caso, que tiene a su privacidad como un más allá al que las leyes no pueden alcanzar.

¿Importa que esas imágenes sean de cientos, miles, de niños siendo violados, abusados sexualmente? ¿Interesa que esas imágenes de niños siendo abusados sean fruto de un delito?  ¿dónde quedan los niños victimizados? No, eso ya no cuenta.

Es el imperio del individuo, de este ser solo incapacitado para establecer conexiones, para agruparse pues en este esquema no hay nada que modificar ni por qué luchar pues la sociedad no existe, a lo sumo lo que puedo modificar es mi situación personal en relación al mercado y a mis posibilidades de consumo. No hay horizontes humanos sino funcionales dentro de un sistema de compra, venta, uso, en el que todo, todo, es  mercadería transable.
 No hay paso, transición posible desde el individuo al grupo, al barrio, al colectivo,a la sociedad.

Cuando desde el abolicionismo decimos que la prostitución daña no solamente a la persona que es llevada a esa situación sino a toda mujer –también a todo hombre- , estamos haciendo un discurso vacío para los neoliberales, muy lejano a su comprensión porque apelamos a conceptos que para ellos han muerto, carecen de significado. ¿cómo se puede dañar a algo que no existe?

El reglamentarismo de la prostitución se inscribe netamente dentro del lineamiento neoliberal. Se pide que el Estado intervenga únicamente para garantizar  al comercio de los cuerpos su inserción en el mercado y su desempeño como “un trabajo como cualquier otro”, liberado de las ataduras que pudieran constreñir su expansión y ganancias. La bandera del supuesto pedido de “derechos” para las trabajadoras es solamente eso, una capa encubridora, pues a sabemos en que quedan reducidos los derechos del trabajador en el capitalismo neoliberal.

Este fallo del Tribunal de DDHH de Estrasburgo representa todo esto, el placer que le produce al individuo observar imágenes de niños siendo violados debe ser protegido porque es el centro del sistema al que oponemos un fantasmático colectivo de “niños abusados” pero carente de entidad.
Si alguien dijera “cuidemos a los niños”, Thatcher bien nos podría responder: no existe tal cosa como “los niños”, solamente pequeños individuos que andan por ahí…
Alberto B Ilieff 



El Tribunal de Estrasburgo ampara a un condenado por pornografía infantil

La Policía registró el ordenador del acusado después de que lo llevase a una tienda de informática y un técnico encontrara elementos pedopornográficos. El Tribunal Supremo y el Constitucional rechazaron el recurso del demandante, amparándose en su derecho a la vida privada. El Tribunal de Estrasburgo considera que la incautación del ordenador y el examen de los archivos no eran "necesarios en una sociedad democrática".
    EFE. 30.05.2017 -

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha condenado este martes a España por no proteger el derecho a la vida privada de Carlos Trabajo Rueda, condenado por posesión y difusión de imágenes pornográficas de menores y cuyo ordenador fue revisado por la policía sin autorización judicial.

El demandante había solicitado una indemnización de 134.805 euros por haber tenido que "vivir en clandestinidad hasta la prescripción de la pena" y "fuera de ley". La Corte cree que la sentencia supone una compensación suficiente.

Trabajo Rueda llevó su ordenador a una tienda de informática de Sevilla para cambiar la grabadora el 17 de diciembre de 2007 y aclaró que el aparato no tenía clave de acceso.

Un técnico hizo un test con varios archivos de "mis documentos" y encontró los elementos pedopornográficos, que denunció a la policía.

Ante las imágenes encontradas también en el programa de intercambio eMule, el ordenador pasó a la policía
judicial y se puso en conocimiento del juez instructor.
 
La Audiencia Provincial de Sevilla condenó en 2008 a Trabajo Rueda a cuatro años de prisión y señaló "que era difícil reconocer al demandante el derecho a la vida privada" porque "sus archivos eran accesibles a quien se conectara a la red de intercambio".

Los Tribunales Supremo y Constitucional rechazaron los recursos del demandante.

El 27 de mayo de 2009, la Audiencia Provincial de Sevilla dictó una orden arresto para que el demandante cumpliera la pena de prisión. Su fuga lo impidió y la condena prescribió el 3 de abril de 2014.

El fallo del Tribunal de Estrasburgo concluye que la incautación del ordenador y el examen de los archivos por la policía "no eran proporcionados al fin buscado ni necesarios en una sociedad democrática".

Para la Sala Tercera de la Corte, "es difícil apreciar la urgencia que obligó a la policía" a examinar los archivos sin autorización judicial, ya que "no existía ningún riesgo de desaparición de los ficheros". Recuerda el Tribunal que "los abusos sexuales constituyen sin duda un comportamiento odioso que hace más frágiles a las víctimas" y "los menores y otras personas vulnerables tienen derecho a la protección del Estado".

El juez ruso Dmitri Dedov votó en contra de la sentencia porque considera que el derecho a la vida privada no es compatible con la vulneración de leyes. Y afirmó que el "lema" de la sentencia podría ser "fiat iustitia, et pereas mundus" (Hágase justicia, aunque perezca el mundo).



Fuente:
http://gerente.com/co/rss-article/el-tribunal-de-estrasburgo-ampara-a-un-condenado-por-pornografia-infantil/









martes, 24 de febrero de 2015

150 - Abuso en familia

150
Abuso en familia

Creemos que las cosas han cambiado, si bien esto en parte es cierto, si vamos un poco más allá de la superficie vemos que en lo profundo se siguen sosteniendo y eso es debido a que están arraigadas en nuestra mente y muchas veces no nos atrevemos a pensar que son un factor cultural que podría no existir o ser de otra manera.
Por ejemplo, si se nos pregunta qué entendemos por familia, una gran parte de la población dirá: padre, madre e hijos y estará convencida de esto, aunque si se mira alrededor veremos que esta es solamente una de otras posibilidades.
Esta idea de familia ejerce como un mandato, como si fuera el modelo ideal detrás del cual debemos correr bajo pena de sentirnos incompletos, fallidos.
Tampoco es cuestión de romper con aquel modelo tradicional y descartarlo, sino aceptar que existen varias alternativas y que podemos transitar entre ellas, o de una a otra, según el momento y circunstancias de nuestra vida.



Algo que también sería conveniente ir revisando es la familia como institución cerrada. La familia sigue siendo considerada un gueto, un baluarte al que no se debe penetrar con una mirada externa. Así como mi casa es mi castillo, mi familia es mi reino, y dentro de él, los niños son los súbditos. Muchas veces escucho decir: “está con sus padres”, “lo tiene la familia”, referido a algún niño, como si eso significara que se encuentra seguro, protegido.
Como tantos otros temas “la familia” es una creación ideológica relativamente actual, contemporánea a la creación de la esfera privada de la vida, aquella vedada a la intervención del estado. A partir de esto se nos dijo que la familia es la “célula básica de la sociedad” lo que nos hace pensar que es como un ladrillo, con cientos de ellos, ordenados,  podríamos hacer una pared; cientos de familias ordenadas serían la sociedad. De este modo se nos hace impensable que pudiera existir una sociedad con un ordenamiento diferente al dado por este tipo de familia que llamamos burguesa.  Invirtiendo el orden podríamos  pensar que la sociedad es la célula que permite la emergencia, no de un tipo, sino de muchas modalidades de convivencia.

Aquello de la “sagrada familia” nos recuerda todo esto, se supone que con esa frase se refiere a la mítica formada por María, José y Jesús, pero también significa que ese núcleo, no solamente al aquel de Jesús, es sagrado, no puede ser modificado. El cristianismo es garante de esta ideología, por eso eleva sus gritos cuando algo puede ser alterado, como sucede con el matrimonio igualitario.
La idealización generada por esta ideología es la que impide ver qué ocurre realmente en estos núcleos.
Las instituciones cerradas, volcadas sobre sí mismas, son las que más favorecen la emergencia de situaciones perversas, dañosas para la vida precisamente por ser reductos ocultos a los ojos de los demás, por eso es precisamente en estos lugares donde el abuso hacia los niños es más frecuente.

Detengámonos un momento en este punto, que necesariamente debemos considerar al hablar de la familia porque es precisamente en su interior donde se produce frecuentemente el abuso hacia los niños y no estoy hablando únicamente del sexual, que lo hay y mucho, sino también del abuso de poder, de la violencia, del sometimiento y la humillación.
El abuso es la irrupción en la vida del pequeño del horror, de lo que no puede ser pensado y procesado, de lo que excede, pues es inentendible que quien dice amarme, cuidarme, es quien me violenta, me falta el respeto, abusa de mi cuerpo y de mi mente y de ese modo me daña.
A partir de estos hechos ¿en quién podrá confiar el niño y luego hombre, mujer? 

Lo grave es que el niño que ha nacido en un lugar donde se lo castiga físicamente, se le tira del pelo, se le grita, se lo insulta o se lo denigra, al no tener otro punto de comparación, creerá que esto es lo que corresponde, que esto es lo “normal”, que ese es el trato entre los humanos. Aprenderá a comportarse de ese modo y llevará esas conductas a su relación con el mundo, con sus compañeros de juego, con los otros y más adelante hacia sus propios hijos.  La violencia ya esta enraizada.
Claro que siente dolor, soledad, humillación, pero debe callarlas, a lo sumo su llanto indicará algo de esto. Esta en un mundo de adultos  del que depende, no puede manejarse por sí mismo, no tiene posibilidades de sobrevivir sin esos u otros adultos, por lo que reprime sus sentimientos, los oculta incluso de sí mismo. Además ese mismo mundo que lo hace sufrir le dice que lo ama, que lo está cuidando y protegiendo, es así que se va tejiendo una trama en que el amor, el cuidado, quedan atados a la violencia siendo la base que posteriormente permitirá justificar y hasta considerar  positivas aquellas conductas que invaden y atentan contra los demás, siempre y cuando se hagan por lo que alguien considera que es “por su bien”.

Lo que hemos llamado educación en general ha sido sinónimo de sometimiento. El niño era considerado como una mata de instintos desenfrenados a los que se debía poner en caja, era necesario apelar a todo por sacarlo de la animalidad.

El aplastamiento del otro se ha convertido en un método social, en el modo privilegiado de mantener el orden. En la escuela, el trabajo, aún en la vida privada, el disciplinamiento es la regla, el temor al desorden, a aquello que los políticos anuncian como “el caos”, aparece como el gran fantasma.



La propiedad privada ha invadido todo el sistema y los niños han pasado también a constituirse en parte de este rubro: ellos pertenecen a sus padres.  Son tomados muchas veces como objetos, posesiones, prolongaciones de los  egos de sus progenitores. Padres y madres imponen al niño sus propios deseos y mediante ellos intentan obtener gratificaciones para sí mismos, sin importantes esa personita que tienen delante.  El niño aparece unido, no se le permite discriminarse, diferenciarse e ir estableciendo su propia personalidad y a partir de ahí sus proyectos. Cuando escucho a un padre o madre decir que está orgulloso de su hijo, me alerto porque muchas veces significa que lo que hace ese padre es tomar los logros de su hijo para reforzar su autoestima considerando que fue muy buen educador, que ha sabido llevarlo por el buen camino y que el hijo ha realizado las expectativas que fueron depositadas en él.


Hace muchos años una película, de la que ni siquiera recuerdo el nombre, mostraba la vida de una niña a la que una madre abusiva quería convertir en estrella de cine. Le imponía estudiar actuación y canto, la llevaba a cuanta audición existía. Tengo muy presentes  unas imágenes en que, previa a una de estas pruebas, la madre viste a la niña como una muñeca, vestido con puntillas y moños en el cabello y la deja sentada esperando en la puerta mientras ella termina de arreglarse. Pasan unos niños, se arma un juego, la pequeña participa y se ensucia el vestido. Al darse cuenta irrumpe en llanto ¿por el vestido sucio o por terror a su madre?  La madre la ve así y como la hora estaba cerca inmediatamente le cambia la ropa y le dice que ahora no es momento de llorar, que mañana tendrá tiempo.


No  le importó su hija, el dolor, la angustia, solamente su objetivo de convertirla, convertirse, en estrella de cine, y así la niña dejó de llorar, y no solamente en ese momento, sino en el resto de los momentos de su vida en que debió dejar correr lo que sentía,  lo fue postergando y junto con las lágrimas todos sus sentimientos, sus deseos, sus metas para ser lo que la madre quería esperando obtener su amor, sin darse cuenta que nunca tendría lo que buscaba porque su madre no la amaba a ella sino a la prolongación de su propio ego. Se postergó en esa espera ilusoria, insensata, mientras el alcohol ocupó el lugar vacío.



Todavía nos cuesta entender que los niños son personas y que merecen todo nuestro respeto y cuidado y que no se limita únicamente a darles ropa, comida y mandarlos a la escuela, ni siquiera es necesario que estemos todo el tiempo con ellos, basta con que aprendamos a escucharlos y a diferenciarnos,  saber que ellos y nosotros somos diferentes,  y que no han nacido para completarnos ni para darle un significado, una razón a nuestra vida. Para lograr esto es menester haber alcanzado nuestra propia independencia, habernos podido separar de nuestros padres y sus mandatos y frustraciones y ser nosotros mismos. A veces para llegar a esto debemos oponernos, luchar, y atrevernos a seguir adelante aún con su desaprobación, porque al fin y al cabo, esta es nuestra única vida  y solamente nosotros podemos vivirla.

También debemos afrontar nuestras frustraciones, aceptar aquello que pudimos o quisimos haber sido pero no lo logramos, cerrar definitivamente el capítulo de esa parte de nuestro pasado con el dolor que implica para no seguir buscando completar lo que ya es imposible.






La mayoría de las IMAGENES han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.

Se puede disponer de las notas publicadas siempre y cuando se cite al autor/a y la fuente.




lunes, 26 de mayo de 2014

103 - Felices los niños

103

                              Felices los niños



Si dentro de algunos siglos, suponiendo que los humanos aún existen sobre este planeta, algún investigador lea los documentos de Naciones Unidas o de los distintos países y organizaciones acerca de las mujeres y los niños, pensará que nuestra civilización se ha esmerado en un cuidado especial hacia ellos.
En general la historia se escribe así, basada más en supuestos ideológicos que en hechos.
Estos investigadores al leer la Convención de los Derechos del Niño, los documentos que se oponen al trabajo infantil, al reconocer la  abierta oposición a la pornografía y al abuso sexual comercial infantil, mal llamada prostitución infantil, cuando se enteren que existen cuidados especiales para la salud de la niñez y adolescencia, que existían hospitales especializados y que la educación estaba dirigida fundamentalmente a ellos, esta gente de siglos venideros pensará que verdaderamente la nuestra fue una época dorada, algo así como las publicidades en que aparecen niños, niñas, adolescentes siempre felices.

Sabemos que la realidad es otra. Que esos documentos son solamente eso, papeles con muchas firmas, sellos que para lo único que sirven es para que muchos funcionarios ganen bastante dinero primero redactándolos, luego diciendo que hacen esto y aquello para cumplirlos, lástima que muchos niños que podrían sobrevivir con el sueldo de ellos, siguen teniendo hambre o un sistema de salud que no los respeta y una educación que pretende “incluirlos” “contenerlos” pero no educarlos.

De pronto surge en mi memoria como un ejemplo acabado, una síntesis perfecta de esta situación de la que estamos hablando, aquella fundación dirigida por un cura, Grassi, llamada “Felices los niños” en que eran abusados sexualmente precisamente por quien debía protegerlos.



Así como la fiebre es señal de infección, este hecho nos muestra una especie de radiografía de la sociedad. Representa el abandono, la soledad, la carencia de aquellos niños que terminaron internados en una institución, primera lesión a sus derechos porque el estado, el gobierno, no importa cual fuere, debieron poner los esfuerzos para que el niño pudiera seguir en su medio, con su familia o con el grupo humano que fuera capaz de amarlo y sostenerlo y no terminara en un internado. Muestra a las instituciones, en este caso a cargo de un religioso católico, que lejos de amparar, retiene al niño para someterlo a la sexualidad perversa de quien tiene el poder, segunda lesión.  Y el gobierno que debió controlar, dejó de hacerlo.  Esto es solamente un ejemplo, podemos buscar otros en las escuelas o los hospitales o directamente en las casas.

Y ya que hablamos de Grassi, es justo decir que este no es el único religioso abusador sexual ni que el catolicismo es la única religión en que existe tal abuso, también debemos reconocer que en Latinoamérica es la que mayor número de personas congrega. A principios del 2.014 el Comité de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño se expresó del siguiente modo:
“El Comité está muy preocupado de que la Santa Sede no haya reconocido la amplitud de los crímenes cometidos, no haya tomado las medidas apropiadas para afrontar los casos de pedofilia para proteger a los niños y haya adoptado políticas y prácticas que han propiciado la continuación de los abusos y la impunidad de los autores”.
“A través de un código de silencio impuesto a todos los miembros del clero bajo pena de excomunión, los casos de abusos sexuales difícilmente han sido denunciados a las autoridades judiciales en los países donde se han cometido esos delitos”.

No denunciar los casos, no llevar ante los tribunales a los autores, es una nueva victimización pues impide a los niños hacer valer sus derechos, es crear bolsones de impunidad manifiesta, lo que implica otra manera de dañar a la niñez.




Si miramos hacia otro lado, por ejemplo, el llamado trabajo infantil encontramos algo similar. Comparto con ustedes un fragmento de un artículo de Fernanda Sández  publicado en el diario La Nación:
   
“Tiene -¿tendrá?- doce o trece años. Imposible saberlo con toda esta gente, con este ruido a tren tapándole la voz. Tiene un bebé en pañal clavado en la cadera. Reparte chicles por todo el vagón; chancleteando va, chancleteando viene. Al rato viene otra. Otra nena con bebé en la cadera. Y otra, y otra más. Serán, al cabo de un viaje de 32 minutos hasta Constitución, seis chicas con seis bebés a upa. Nenas y niños trabajando. Ninguno tiene ya la mirada nueva. Ninguno tiene lugar en ninguna estadística confiable. Pero ahí están.

Para la Organización Internacional del Trabajo (OIT), niñez y trabajo no pueden cruzarse. Sin embargo ya, ahora mismo, hay en el mundo 168 millones de niños arando, cosechando, pescando, vendiendo chicles de menta. De ellos, 85 millones realizan tareas peligrosas, como los niños pescadores del lago Volta, o como las niñas víctimas del comercio sexual en el norte de Brasil. O en Pompeya, donde el Ministerio Público tutelar se ha cansado de alertar sobre la explotación de nenes y nenas.




En la Argentina la ley prohíbe que los chicos trabajen. Y, desde marzo del año pasado, el artículo 148 bis del Código Penal prevé penas de hasta 4 años para quien emplee mano de obra infantil. Pero ahí afuera hay una realidad que desmiente las normas a fuerza de golosinas, flores, malabares. Muertes, incluso, como cuando los chicos trabajan en el campo y a destajo, y quedan expuestos a la intoxicación por agroquímicos.” *


                                                            
                                                           La articulista nos recuerda también a Iqbal Masih quien fuera vendido por sus padres cuando tenía 4 años a un taller de alfombras en Pakistán. Desde esa edad fue condenado a un telar durante 15 horas diarias. Su historia es la de miles de niños. Logró escapar y se atrevió a denunciar el sistema esclavista, su relato recorrió el mundo y él mismo fue invitado a diversos países: "No compren estas alfombras, están tejidas con sangre de niños”, decía. Cuando regresó a su país fue asesinado.


Una mirada latinoamericana: el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia expresó preocupación por los asesinatos y violencia contra los niños en El Salvador. Desde 2005 a 2013 han sido asesinados  6.300 niños, niñas  y adolescentes. El 82% eran varones entre las edades de 15 y 19 años.



Otra sudamericana: El periodista danés Mikkel Jensen visitó Brasil con bastante antelación al mundial de futbol para tomar contacto con la sociedad, y lo hizo a tal punto que desistió de volver a cubrir el evento deportivo.
El mismo dice los motivos en un relato publicado en su perfil de Facebook:
“Desde hace casi dos años y medio llevo soñando con cubrir el Mundial de Brasil. El mejor deporte del mundo en un país maravilloso. Hice un plan, me fui a estudiar a Brasil, aprendí portugués y estaba preparado para volver.
Y en septiembre de 2013 volví. El sueño se iba a cumplir. Pero hoy, dos meses antes de la fiesta de la Copa del Mundo, he decidido que no voy a seguir aquí. El sueño se ha convertido en una pesadilla….
En marzo estuve en Fortaleza para conocer la ciudad más violenta de todas las sedes de la Copa del Mundo. Hablé con algunas personas que me pusieron en contacto con niños de la calle y luego supe que algunos habían desaparecido. A menudo, los matan por la noche, cuando están durmiendo en una zona donde hay muchos turistas. ¿Por qué? ¿Para dejar limpia la ciudad para los extranjeros y la prensa internacional? O sea, ¿por mi culpa?” **
 
Iqbal Masih

En poco hemos cambiado desde aquellos tiempos en las cavernas, y quizá en aquel tiempo fuera más entendible, los depredadores naturales, la falta de alimentos, el desconocimiento, jugarían en contra, hoy todo se reduce a algo mucho más simple y palpable: los dólares.

No todo es tan deprimente, como siempre digo, es el trabajo silencioso, el amor solidario callado lo que hace la diferencia. Recuerdo un video en que se mostraba como una niña abusada en su familia solamente tuvo como contención la escuela. Sus maestros acudieron a los tribunales que, claro, internaron a la niña. En ese lugar recibió maltratos, pero, sus maestros las acompañaban y actuaron, fue sacada de ahí y entregada a una familia. Ahora es parte de ese grupo de afecto. Fueron esas personas tan criticadas, que cada año deben luchar por recibir un aumento las que le permitieron a la niña poder tener una vida mejor.

No tenemos que olvidar que a la niñez y adolescencia se la castiga, es objeto de nuestra peor parte, pero también es importante recordar que la acción solidaria rompe con el maltrato.


 *http://www.lanacion.com.ar/1685271-un-perturbador-mundo-de-adultos-en-miniatura
** http://e-consulta.com/nota/2014-05-01/mundo/en-brasil-matan-ninos-de-la-calle-para-limpiar-las-ciudades



Juanito Laguna. Antonio Berni



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En este blog las imágenes son afiches, pinturas, dibujos, no se publican fotografías de las personas en prostitución para no revictimizarlas; salvo en los casos en que se trate de documentos históricos.

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martes, 4 de marzo de 2014

94 - Philomenas

94
Philomenas

Acabo de ver la película Philomena, realizada al mejor estilo inglés, con la distancia casi carente de demostraciones de afectos que los caracteriza. Confieso que mi parte latina quedó un poco desilusionada como con esas comidas sabrosas pero a las que sin embargo les falta algo, un poco de algún condimento que habría hecho la gran diferencia.


En ella se muestra sin dramatismos la apropiación de niños con fines de “adopción” realizada por parte de la iglesia católica en Irlanda.

Esto no podemos dejarlo reducido a ese momento y país, pues es el mismo procedimiento usado en las “colonias” con los hijos de las “salvajes idólatras” o en nuestras tierras. Son incontables las historias  en el norte argentino, aunque supongo que en el resto del país y de nuestra América se repiten.

Los derechos humanos, los derechos de los niños siempre resultan ser muy inferiores a la misión de la iglesia de salvar almas y proporcionar a los niños “buenos hogares católicos”. Hay que salvar a esas almas inocentes de padres que los pervertirán con creencias falsas o que los sumirán en la pobreza que los conducirá al mal camino, alejarlos de esas madres con sus ejemplos de incontinencia, de libertinaje pecaminoso, de promiscuidad. Es deber de la Santa Madre Iglesia cobijarlos y protegerlos, y si es necesario mentir, violar la ley, privar del derecho a la identidad, será necesario hacerlo y sostenerlo, y borrar todos los archivos probatorios y cerrar las bocas para siempre. Al fin y al cabo nada de esto es grave, nada que una buena confesión no perdonará y que seguramente Dios entenderá.











¿Un hecho casual?

Allí donde la iglesia católica impuso su poder esta práctica se cumplió, por lo que no cabe pensar que fue algo de unas pocas monjas, sino bien organizado y sostenido en el tiempo.

Recordemos también al papa Pío 12 quien puso bajo su cuidado a niños judíos, a los que, pasada la guerra, no quiso restituir a sus padres naturales. En la segunda guerra mundial, durante el Holocausto, miles de niños judíos encontraron refugio en monasterios, conventos y escuelas católicas. Niños provenientes de familias de religión judía fueron escondidos para ser protegidos de los alemanes con el visto bueno de Pío 12, de ese modo lograron ser salvados de una muerte segura. Ya terminada la guerra los familiares sobrevivientes comenzaron su búsqueda, pero en esto el papa fue inflexible, los niños, que ya habían sido bautizados y por lo tanto reconocidos como católicos,  no deberían ser devueltos a sus familias de origen salvo que ellas también aceptaran el bautismo y se comprometieran a darle educación cristiana.

Pío 12

Del lado nazi también jugaban sus negras cartas. En un discurso Himmler, comandante en jefe de las SS y luego ministro del interior, en 1943, en uno de los tres discursos que anuncian la “solución final” dijo:
 “Un SS debe tener fundamentalmente presente esto: con nadie que no sea de nuestra misma sangre hemos de ser honrados, decentes, leales y amigos. Me es completamente indiferente cómo les pueda ir a los rusos o a los checos. Todo lo que haya de buena sangre nuestra en otros nos lo llevaremos, robándoles los niños, si fuera necesario, para educarlos entre nosotros”.
Un querido amigo, Osvaldo Cucagna escribió un artículo al que llamó  “ Actualización de 'Cuestiones sobre la Historia del robo-desaparición de niños'” del que saqué algunos párrafos:


Juventudes nazis

En 1985, con motivo del 40º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, con la colaboración de todos los países europeos se hizo un documental sobre qué fue lo que pasó con los niños robados-desaparecidos. Allí aparecían madres que, cuarenta años después, reclamaban por sus hijos, y se daban datos que iban de los doscientos mil a ochocientos mil niños robados, sobre todo en Polonia, Yugoslavia, el resto de los países del Este y la Unión Soviética…..

“Gitta Sereny, periodista e historiadora húngara, trabajó con estos niños robados tratando de conseguir la devolución a sus verdaderos padres, como funcionaria encargada del bienestar infantil en la UNRRA (United Nation Relief and Rehabilitation Administration), en la zona norteamericana de Alemania, en 1945, estando a cargo del equipo de Rastreo de Niños durante un semestre. De entrada logró rescatar a unos cuarenta y cinco niños, de tres a ocho años, a los que, con doscientos de otras regiones, llevó a Polonia en la primavera de 1946.

Ese Programa de Rastreo de Niños se abandonó poco después, cuando sólo se había descubierto una fracción del presunto total de 250.000 (teniendo en cuenta esto sólo para el área de control de Estados Unidos en Alemania). Centenares de niños a los que se había ubicado y miles que restaban ser hallados fueron sometidos al máximo dolor de no ser devueltos a sus verdaderas familias. Dice Gitta Sereny: 
“En una de las decisiones más arbitrarias jamás adoptadas por la burocracia, los gobiernos británico y norteamericano, ahora inmersos en la guerra fría con los Soviets, decretaron que no debían devolverse los niños para que fueran educados en el comunismo. En una carta de respuesta a mis protestas, el Departamento de Estado norteamericano dijo que estaba actuando totalmente en beneficio de los niños, porque no se debía permitir que los sometieran al adoctrinamiento que sin duda soportarían y cuya seguridad física no podía garantizarse si volvían a la Unión Soviética... fueron enviados al exterior: Estados Unidos, Australia y Canadá, para vivir en otro país extraño, con una lengua desconocida, nuevamente adoptados o prohijados por extranjeros”.
 
Niños en campo de exterminio nazi cerca de 1945. Foto World History Archive Cordon Press
En el delito de trata de personas se contempla la explotación sexual, la laboral, la extracción de órganos pero no la explotación afectiva a la que es sometido un niño, una niña, cuando se la apropia, se lo aísla de sus verdaderos cariños, de quienes ama y por quienes es amado, y se lo conduce seductoramente a tomar afecto a sus tenedores. Al menos en los otros casos no existe tal perversión, tal grado de manipulación.

Nunca fue más clara esa frase que dice que el camino al infierno esta pavimentado de buenas intenciones. En este caso la iglesia y los apropiadores tranquilamente se sienten felices consigo mismos, con su conciencia libre de culpas, pues han hecho una “buena acción”, han librado a ese pequeño, a esa niña, de un destino tan atroz, seguramente en la peor pobreza material o espiritual y les han dado “una vida mejor”.
Claro que seguramente no todo es tan santo, que las familias elegidas han sido aquellas con cierta capacidad económica, buenas contribuyentes económicas a la santa causa.

Al final de la película se habla del perdón. Este es un tema harto remanido en el norte, en el protestantismo. Para el católico el perdón lo da el cura, en secreto, para algunas creencias no católicas el perdón lo da dios previo a la confesión pública la que es vista como una clara señal de arrepentimiento. Recordemos el asunto sexual del expresidente de Estados Unidos Bill Clinton con Mónica Lewinsky que se apaciguó cuando este reconoció y pidió perdón público, o también cuando el Papa Juan Pablo 2do pidió perdón por los abusos de la Inquisición.







León Ferrari




Pedir perdón cuando no hay un cambio notorio en la conducta, cuando no se busca reparar efectivamente el daño hecho, cuando no se trata de volver atrás, es una simple palabra que se lleva el viento, es otra forma del engaño y un nuevo acto de violencia hacia la víctima.

Ahora, cuando ni siquiera el culpable quiere pedirlo siempre se puede apelar a la llamada  “reconciliación” que no es otra cosa que el perdón dado a quien no lo ha solicitado y ni siquiera cree que deba hacerlo. Esto parece un mal chiste. Ni el pedido de perdón ni la supuesta reconciliación borran los hechos, no anulan las consecuencias, no hacen desaparecer el dolor y la injusticia causadas, solamente apuntan a cerrar el libro y ponerlo en algún estante muy alto donde ya no sea visto. El reclamo de justicia abierto molesta, señala, y no permite al culpable caminar con cara inocente al sol. Perdón y reconciliación solamente permiten que el perverso, el depredador, el apropiador puedan caminar por la calle con tranquilidad porque han sido exculpados.
Reconozco que hay actos de perdón que muestran la nobleza de quien los otorga, pero no en este caso porque un padre no puede perdonar el daño que se ha causado a un niño, a una niña, a esos que son sus hijos. No puede ni debe, porque será tarea de ellos enfrentar la realidad.

Ni olvido ni perdón dice la oración activista, pero cuidado, que no es una súplica, no se está implorando sino exigiendo, se está apuntando a la cabeza con esas palabras, señalando directamente al alma, si es que poéticamente podemos aceptar que exista al menos por un rato.

Ni olvido ni perdón por los jóvenes secuestrados, torturados, asesinados y sus cuerpos desaparecidos, por los niños apropiados por tantas “buenas personas” las que ciertamente les han dado un hogar cristiano y libre de malas ideas. Ni olvido ni perdón para  quienes persisten en no hacer aparecer las listas, en no dejar descansar los cuerpos, en entorpecer los juicios, en negar su colaboracionismo, tampoco para quienes bendijeron picanas y permiten comulgar a torturadores y asesinos.
Philomena habla de todo esto, del pecado que es siempre de los otros, de la orgullosa monja que se cree superior porque tiene el himen intacto, o las ideas o las creencias que corresponden también intactas, de los apropiadores con coches caros y tapados de visón y  de los otros que también se creen mejores porque se llevado-salvado un niño condenado.



Reconciliación……Comenzaré a pensar en perdonar a la iglesia cuando devuelva los tesoros que arrebató a los americanos, cuando pida perdón a los dioses de nuestras tierras, cuando hable de su complicidad con las matanzas dictatoriales; comenzaré a pensar quizá en perdonar a los militares cuando entreguen los cuerpos, cuando presentan las listas, cuando digan dónde están los niños arrebatados,  cuando marchen solos camino a los tribunales; veré que hago cuando los apropiadores sean capaces de reconocer su impiedad y egoísmo.

Me parece que por ahora puedo descansar, falta mucho, creo que demasiado tiempo, para que algo de esto comience. Y si lo hacen dentro de cien o quinientos años ya no me importará, no estaré para perdonar por lo tanto el pedido que hagan será estúpido.








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