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miércoles, 28 de junio de 2017

191 - El Tribunal de Estrasburgo ampara a un condenado por pornografía infantil



Esta noticia es relevante en cuanto a partir de ella se puede hacer algunos pronósticos acerca del  movimiento social en general y en especial de las relaciones humanas.

Tengamos presente que estos fallos son solamente posibles a partir del imperio del neoliberalismo.  El neoliberalismo no es solamente un modo de encarar la economía sino toda una ideología, que como tal, incluye las relaciones que tenemos con nuestros congéneres y aún con nosotros mismos. Implica un mundo de significados que se nos va imponiendo y en este orden son los que fundamentan los diversos fallos judiciales que en distintos ámbitos se van dictando.

Tomemos como punto de partida  aquella entrevista en la que Margaret Thatcher se preguntaba '¿quién es la sociedad?' y ella misma respondía 'no existe tal cosa, tan sólo individuos, hombres y mujeres'

Al parecer, cuando se me enseñó que la familia es la célula primaria de la sociedad, desde el punto de vista de Thatcher y quienes como ella piensan, se me estuvo mintiendo descaradamente, se me hizo creer en otra fantasía como la de los reyes magos que cada año me traían sus regalos, pues la sociedad no existe. Claro, la consecuencia es que entonces la familia ya no es célula de algo, ya no es célula, o sea, la familia tampoco es. ‘tan sólo individuos, hombres y mujeres'   Seres aislados, encerrados en sí mismos que deambulamos por el universo sin posibilidad de unirnos, de concretar formaciones más amplias, más comprensivas, inclusivas.

El fallo de esta corte  de Derechos Humanos es representativo de este pensamiento pues deja de lado a la sociedad  y corona al individuo como superior a ella. Un individuo, en este caso, que tiene a su privacidad como un más allá al que las leyes no pueden alcanzar.

¿Importa que esas imágenes sean de cientos, miles, de niños siendo violados, abusados sexualmente? ¿Interesa que esas imágenes de niños siendo abusados sean fruto de un delito?  ¿dónde quedan los niños victimizados? No, eso ya no cuenta.

Es el imperio del individuo, de este ser solo incapacitado para establecer conexiones, para agruparse pues en este esquema no hay nada que modificar ni por qué luchar pues la sociedad no existe, a lo sumo lo que puedo modificar es mi situación personal en relación al mercado y a mis posibilidades de consumo. No hay horizontes humanos sino funcionales dentro de un sistema de compra, venta, uso, en el que todo, todo, es  mercadería transable.
 No hay paso, transición posible desde el individuo al grupo, al barrio, al colectivo,a la sociedad.

Cuando desde el abolicionismo decimos que la prostitución daña no solamente a la persona que es llevada a esa situación sino a toda mujer –también a todo hombre- , estamos haciendo un discurso vacío para los neoliberales, muy lejano a su comprensión porque apelamos a conceptos que para ellos han muerto, carecen de significado. ¿cómo se puede dañar a algo que no existe?

El reglamentarismo de la prostitución se inscribe netamente dentro del lineamiento neoliberal. Se pide que el Estado intervenga únicamente para garantizar  al comercio de los cuerpos su inserción en el mercado y su desempeño como “un trabajo como cualquier otro”, liberado de las ataduras que pudieran constreñir su expansión y ganancias. La bandera del supuesto pedido de “derechos” para las trabajadoras es solamente eso, una capa encubridora, pues a sabemos en que quedan reducidos los derechos del trabajador en el capitalismo neoliberal.

Este fallo del Tribunal de DDHH de Estrasburgo representa todo esto, el placer que le produce al individuo observar imágenes de niños siendo violados debe ser protegido porque es el centro del sistema al que oponemos un fantasmático colectivo de “niños abusados” pero carente de entidad.
Si alguien dijera “cuidemos a los niños”, Thatcher bien nos podría responder: no existe tal cosa como “los niños”, solamente pequeños individuos que andan por ahí…
Alberto B Ilieff 



El Tribunal de Estrasburgo ampara a un condenado por pornografía infantil

La Policía registró el ordenador del acusado después de que lo llevase a una tienda de informática y un técnico encontrara elementos pedopornográficos. El Tribunal Supremo y el Constitucional rechazaron el recurso del demandante, amparándose en su derecho a la vida privada. El Tribunal de Estrasburgo considera que la incautación del ordenador y el examen de los archivos no eran "necesarios en una sociedad democrática".
    EFE. 30.05.2017 -

El Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo ha condenado este martes a España por no proteger el derecho a la vida privada de Carlos Trabajo Rueda, condenado por posesión y difusión de imágenes pornográficas de menores y cuyo ordenador fue revisado por la policía sin autorización judicial.

El demandante había solicitado una indemnización de 134.805 euros por haber tenido que "vivir en clandestinidad hasta la prescripción de la pena" y "fuera de ley". La Corte cree que la sentencia supone una compensación suficiente.

Trabajo Rueda llevó su ordenador a una tienda de informática de Sevilla para cambiar la grabadora el 17 de diciembre de 2007 y aclaró que el aparato no tenía clave de acceso.

Un técnico hizo un test con varios archivos de "mis documentos" y encontró los elementos pedopornográficos, que denunció a la policía.

Ante las imágenes encontradas también en el programa de intercambio eMule, el ordenador pasó a la policía
judicial y se puso en conocimiento del juez instructor.
 
La Audiencia Provincial de Sevilla condenó en 2008 a Trabajo Rueda a cuatro años de prisión y señaló "que era difícil reconocer al demandante el derecho a la vida privada" porque "sus archivos eran accesibles a quien se conectara a la red de intercambio".

Los Tribunales Supremo y Constitucional rechazaron los recursos del demandante.

El 27 de mayo de 2009, la Audiencia Provincial de Sevilla dictó una orden arresto para que el demandante cumpliera la pena de prisión. Su fuga lo impidió y la condena prescribió el 3 de abril de 2014.

El fallo del Tribunal de Estrasburgo concluye que la incautación del ordenador y el examen de los archivos por la policía "no eran proporcionados al fin buscado ni necesarios en una sociedad democrática".

Para la Sala Tercera de la Corte, "es difícil apreciar la urgencia que obligó a la policía" a examinar los archivos sin autorización judicial, ya que "no existía ningún riesgo de desaparición de los ficheros". Recuerda el Tribunal que "los abusos sexuales constituyen sin duda un comportamiento odioso que hace más frágiles a las víctimas" y "los menores y otras personas vulnerables tienen derecho a la protección del Estado".

El juez ruso Dmitri Dedov votó en contra de la sentencia porque considera que el derecho a la vida privada no es compatible con la vulneración de leyes. Y afirmó que el "lema" de la sentencia podría ser "fiat iustitia, et pereas mundus" (Hágase justicia, aunque perezca el mundo).



Fuente:
http://gerente.com/co/rss-article/el-tribunal-de-estrasburgo-ampara-a-un-condenado-por-pornografia-infantil/









martes, 19 de noviembre de 2013

77 - Soy moral ¿y qué?

77
Soy moral ¿y qué?

Hace muchos años escuché hablar de la ley del péndulo pero no me dediqué a averiguar siquiera si existe, por lo que no sé si tiene algún valor científico. De todos modos me sirve para explicarme algunas cosas. Esa ley dice que una sociedad, con el correr del tiempo,  de un extremo pasa al opuesto, y así sucesivamente, hasta que poco a poco se va centrando. Realmente es una explicación simplista. Podría preguntarme quién define lo que es un polo y cuál es el centro, o si el centro no será un nuevo polo. De todos modos, como no escribiré ningún libro ni ninguna tesis al respecto me conformo con que me sirva para el tema de hoy.


La sociedad occidental pareciera haber estado en uno de los polos durante la edad media, para luego ir deslizándose, perdiendo rigidez, modificando conceptos, abriendo otras posibilidades, hasta llegar a nuestra época que bien podría estar muy cerca o ser ella misma el polo opuesto. Estoy hablando de la moral. Desde la estrictez de la edad media que llevaba hasta la muerte a quien no cumplía determinadas normas (claro, siempre y cuando no estuviera en el poder) hasta este momento en que se pretende dejar de lado absolutamente todo lo que esté relacionado con la moral.

No pierdo de vista que estos cambios han sido producidos por las modificaciones en la sociedad que trajo el capitalismo, hasta llegar a este tiempo declaradamente neoliberal. Las ideas morales surgen de la práctica capitalista como un modo de afianzarlo y sostenerlo dándole una pátina de cierta legalidad.

En la edad media la moral era establecida por la iglesia católica en íntima unión con el poder feudal o monárquico, de ahí que infringir la norma implicaba también una sanción terrena, no solamente la maldición del infierno. A partir del Renacimiento las cosas van cambiando, los factores de poder se van modificando, la burguesía asciende, la moral entra en rápido cambio. La idea de dios va perdiendo su lugar central lo que implica que la sociedad paulatinamente se va reformulando de manera laica, proceso que en nuestro país todavía no ha llegado a completarse, lo que se demuestra en la puja para que definitivamente se imparta educación sexual en todos los niveles escolares, se quiten signos religiosos de los edificios públicos,  se cumpla con la voluntad popular en relación a la despenalización del aborto.

Si en aquel momento lo central era la idea del dios cristiano y su poder era la iglesia católica, con estas modificaciones se podría pensar que lo central hubiese pasado a ser la persona humana,  un verdadero humanismo, pero no es así, lo medular pasó a ser el capital y su poder el financiero.

El combate entre don Carnaval y doña Cuaresma. Pieter Brueghel el Viejo. 1559

El neoliberalismo muestra claramente este punto: el capital debe reproducirse, acumularse, el fin justifica los medios, el mercado lo es todo, no debe haber restricción para la libre circulación de bienes y finanzas, todo puede justificarse en el marco de un contrato entre iguales, la sociedad es producto de un contrato de este estilo al que alguien le puso por nombre el “contrato social”, el valor primero es la libertad (aclaración: se trata de la libertad del mercado, del tránsito de bienes, no de las personas. La libertad de estas está supeditada a las necesidades del mercado), “todo tiene un precio” o sea que puede ser comprado y vendido, todo, incluso los humanos, es mercadería y en definitiva todo vale porque “negocios son negocios”.

Obviamente, en este cuadro que he expuesto sumariamente la  moral no tiene ninguna cabida, al menos la moral humanista por no hablar de la religiosa. Para gran parte del pensamiento actual hablar de moral es decir malas palabras, quien se atreva a hacerlo es inmediatamente acusado de ser un religioso fundamentalista o alguien atacado de una grave melancolía.

Este no es el único tema tabú, también lo son los llamados grandes relatos, las ideas que pretenden presentarse como “verdades”, los pensamientos que buscan ser abarcativos, las ideologías, pues estas han sido declaradas muertas, la objetividad también ha desaparecido.

Recuerdo en relación a esto acerca de qué es lo verdadero, el encuentro del Jesús cristiano con Poncio Pilatos, 


La torre de Babel. Pieter Brueghel el Viejo. 1563


Jesús decía: la verdad los hará libres. 
Yo soy el camino, la verdad y la vida

Pilato  pregunta: ¿qué es la verdad?


Si no hay una verdad, si nada puede ser tenido como único e indubitable, tampoco hay principios que sean valederos en todo el mundo y para todas las personas.


Como decía, actualmente muchos reniegan de lo moral, incluso usan como descalificación o hasta una manera de insultar el decirle a otro que es moral o moralista. De ese modo pretenden colocarse ellas mismas en un lugar  por fuera del planteo ético, como si ese punto pudiera existir. Salvo que seamos psicópatas, trastorno psicológico que dentro de sus características tiene la amoralidad, o sea que la persona carece de todo principio moral. Los conoce, sabe muy bien lo que socialmente está establecido como bueno o malo y las consecuencias que le puede traer no acatarlos, reconoce el daño que puede hacer una conducta determinada a otra persona o grupo, pero para él nada de eso tiene valor, no usa este conocimiento para determinar su actividad. Cumplirá las normas vigentes para moverse con tranquilidad en la sociedad y las violará todas veces que lo crea  necesario para obtener sus fines personales. Salvo que seamos una persona con estas características, los restantes tenemos moral, es parte constitutiva de nuestra subjetividad,  toda conducta refleja de alguna manera nuestros principios y es imposible que no lo haga. De ahí que suponer que se puede hablar desde una postura no moral es totalmente falso. Quienes dicen esto y acusan a otros de morales o moralistas, simplemente lo que tratan de hacer es ocultar su propio pensamiento, seguramente porque suponen que de ser conocido no será aceptado y su maniobra no tendrá éxito.

Para poder comprender adecuadamente este tema de los valores  es necesario incluir la idea de diversidad. Muchas veces decimos que tal o cual persona es inmoral cuando actúa de determinada manera. Si bien puede serlo, puede ser un psicópata, lo más probable es que digamos eso porque piensa y actúa de manera diferente a como lo haríamos nosotros, no nos damos cuenta que tiene principios diferentes a los nuestros, incluso pueden ser antagónicos. Si estamos muy identificados con nuestra moral, si no estamos abiertos a comprender que existen otros valores o a veces son los mismos pero interpretados de diferente manera, es hasta probable que nos enojemos mucho con esa persona, hasta podemos tomarlo como algo personal y sentirnos atacados y responder violentamente.

A lo que apunto es a mostrar que siempre se actúa desde una posición moral, y que eso no está mal, que eso no es enfermo, sino precisamente es parte de la integridad de nuestra humanidad, de ser coherentes entre lo que sentimos, pensamos y hacemos.  Acusar a alguien de moral o moralista es precisamente ser fundamentalista, es creer que hay un único y verdadero modo de pensar, que quien lo hace de otro manera debe ser desacreditado y eliminado de la discusión mediante la calificación de su palabra para que no sea escuchada. Del mismo modo sucede  cuando se tacha a alguien de “loco” pretendiendo que a partir de ese momento todo lo que diga sea tomado como una locura, o sea, no tomado en cuenta.

Decir por ejemplo: Derechos Humanos, es hacer una definición moral porque ellos son una base ética para el desarrollo del mundo. Su enunciado básico es el de la “dignidad”, aquello que diferencia a la humanidad del resto del universo, de la creación,  aquello que da cuenta de esa distancia infinita.  Libertad e igualdad son valores que surgen directamente de ese principio. Es en base a estos Derechos Humanos que pueden determinarse conductas antisociales, como los delitos de lesa humanidad y pueden marcarse derroteros, metas, muchas veces lejanas pero que indican el camino a seguir para una calidad de vida más plena.


Mural de Vera Zanetti

En esto es en lo que veo la acción de la ley del péndulo. Desde aquel momento regido por la moral eclesiástica, el péndulo osciló y ahora está en un punto casi antagónico. Gran parte de la resistencia a reconocer una moral tiene que ver con  poner un límite, establecer un alejamiento de la presión religiosa que trata de imponer sus principios. Incluso por esto mismo se trata de hacer una diferencia entre moral, que representaría ideas religiosas, y ética, que estaría significando otras laicas. El error consiste en identificar los valores con una determinada religión.

Esta superficialidad establece pautas rígidas que nos privan de poder analizar y tomar lo mejor de cada postura. No necesariamente toda idea por provenir de una fuente religiosa es negativa como no toda idea laica es positiva para la convivencia y desarrollo humano. Los Derechos Humanos son un ejemplo de esto, donde conviven principios de diferente extracción y que se consideran válidos para toda la humanidad más allá de sus creencias.

La dignidad del ser humano, que en términos muy simples y recortados puedo resumir en que significa que nadie puede ser usado para ningún fin ajeno a él mismo, que no estamos en el planeta para servir a otros,  que no estamos en función de un estado, de un gobierno, de una empresa, de un país, que nuestra integridad física, psíquica y social son parte de esa dignidad y que por lo tanto no pueden ser violadas. La igualdad no tiene ninguna condición, todos somos iguales desde el momento de nacer humanos por lo tanto nuestro derecho a la libertad surge de esta igualdad. Si todos estamos en el mismo nivel, nadie puede restringirme. 
Claro que  es muy teórico, todavía estamos muy lejos de poder llegar a hacer de esto nuestra vida diaria,  es necesario que nos levantemos, que reconozcamos nuestros derechos, que los hagamos cumplir, que impidamos las violencias de todo tipo que representan la ley del más fuerte por la que se anulan  la igualdad y la libertad.

Aceptar nuestra moral  y la de todos como distintas pinceladas de este cuadro colorido que es la humanidad es un paso necesario para comenzar este camino.



 La mayoría de las IMAGENES han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.

Se puede disponer de las notas publicadas siempre y cuando se cite al autor/a y la fuente.









lunes, 21 de enero de 2013

40 - Capitalismo 2



40
Capitalismo 2




Hoy vamos a seguir con el tema de nuestra última charla, la ideología capitalista.


Es importante tener claro que la lógica del sistema es de guerra, la competencia sin cuartel, eliminación del otro, conquista de nuevos mercados,  que no lleva, como se nos vende, a que gane el mejor, sino el más despiadado, el que menos valores cuida, el que cumple con aquello de que el fin justifica los medios, aunque esos medios  sean la destrucción del ecosistema, la corrupción, de la salud de la gente,  la estupidización programada.
Difícilmente una sociedad podrá llegar a un clima de tolerancia, de aceptación y paz cuando esta constituida por elementos violentos y competitivos, codiciosos siempre en búsqueda de crecimiento, de mayor poder y riqueza.
Recordemos que parte de esta estrategia de crecimiento fueron las guerras coloniales de conquista, la rapiña a la riqueza de los pueblos ya sea mediante la corrupción de sus gobiernos como directamente con la intervención militar (tenemos presente la intervención en Irak), el sometimiento comercial mediante reglas propias para presionar y agotar a los países con poco poder, la división entre países productores de materias primas o comida y los industrializados como modo de someter a los primeros.

Dijimos que la doctrina política que ha encabezado la implantación de este sistema económico ha sido el liberalismo económico y clásico  y más cercanamente el neoliberalismo, el que sostiene que la intervención del gobierno debe reducirse a su mínima expresión, limitarse a garantizar la propiedad privada, la defensa de los derechos civiles y políticos, el control de la seguridad interna y externa y eventualmente la implantación de políticas para garantizar el libre  funcionamiento de los mercados, en algunos casos se acepta que el gobierno intervenga en épocas de crisis para que no decaiga la demanda o también cuando aparece alguna deficiencia en el mercado. El éxito de esta política se vio claramente a partir de los 90, en que el gobierno desapareció y se habló de un “estado ausente”. En realidad nunca estuvo ausente, sino que dejó de cuidar a las personas, pero cuando el sistema peligró los gobiernos reaparecieron con su fuerza para salvar a los financieros, a los bancos, a las empresas, estatizando por ejemplo sus deudas. Esto lo vemos en este momento suceder nuevamente en Europa. En este mismo momento, seguramente si cualquiera de nosotros, simple ciudadanos, llama a la policía, tendremos que esperar un largo rato su llegada, pero si alguien rompe el vidrio de un banco en pocos minutos la calle se llenará de varios patrulleros. Un error común de mucha gente que quedó pegada a ideas que le vendieron, es creer que las instituciones están para su preservación, cuando en el capitalismo, son salvaguarda y garantía del capital, no de las personas.




Siempre se dice que el capitalismo descansa sobre reglas del juego claras, sobre la contratación, una vez más “libre”. Lo que no se dice es que estas reglas han sido fijadas por una sola de las partes: los capitalistas. Efectivamente, ellos al tener el poder del dinero son los que ponen las condiciones y las reglas y cuando quieren las modifican. Por ejemplo, en los años 90 decidieron y convirtieron en ley, dejar de lado las conquistas laborales de los trabajadores obtenidas luego de muchos años de lucha.

La teoría podría llegar a convencernos, como cualquier ideología, puesta en palabras puede resultar atrayente, cómo no sentirnos atraídos por temas como progreso, igualdad, justicia, libertad. Ahora, otra cuestión son los resultados, en los que vemos que hasta el momento ha fracasado. Las crisis cada vez más reiteradas, el uso de la violencia para sostener el sistema, la cada días más dispar distribución de la riqueza, la propiedad de la tierra en pocas manos, el hambre y la enfermedad, están mostrando que el resultado es el opuesto al predicado.
Sobre todo porque la tan mentada libertad se halla en función del esquema de poder, cuanto más arriba se está, más posibilidades de elección, cuánto más abajo, menos elección. No solamente de bienes sino también de posibilidades de educación básica, de capacitación laboral, de trabajos bien remunerados, de acceso a la salud, llegando a actividades que ya no pueden ser incluidas dentro de una elección, como son las actividades de sobrevivencia.  Entre robar o no comer, entre la desnutrición de mis hijos o la prostitución, entre vender un riñón o no sobrevivir, no hay opciones, no hay elección, son estrategias de sobrevivencia.
El surgimiento de los excluidos como fenómeno social esta mostrando este fracaso. Son millones de individuos que no tienen ni tendrán acceso al trabajo ni al resto de los derechos, se hallan en la periferia de la sociedad sin posibilidades de desarrollo y ya esta claro que no la tendrán, que sus hijos tampoco.

Consumismo

Hay una idea que juega un papel muy importante en este esquema y es la del consumo. Acá no estamos hablando del consumo necesario para vivir, vestirnos, tener casa y educación. Se dice “consumo” para no decir consumismo, que es la palabra que más se ajusta. Es aquí dónde se ve con mayor crudeza la ideología deshumanizante que es el capitalismo. Como el fin justifica los medios, se puede apelar a cualquier dispositivo, hasta la más grosera manipulación o el uso sofisticado de la psicología para generar en las personas nuevas ganas que serán vivenciadas como necesidades, como algo imperioso y casi imprescindible para seguir viviendo o al menos para ser feliz. Fíjense que hablo de ganas y no de deseo o necesidad, porque desde el punto de vista psicológico, y en el vivir diario esto lo sabemos, hay notables diferencias.
Las ganas son superficiales, momentáneas, adquirir o no aquello que despierta nuestras ganas no nos cambiará profundamente nuestra vida. Ya cuando hablamos de deseo es algo más profundo porque compromete más nuestra personalidad, nos moviliza más. Las necesidades son aquellas que nos mantienen con vida o hacen un cambio profundo en nuestra calidad de vida. Las ganas pueden quedar insatisfechas y ser al rato olvidadas sin mayor contratiempo, los deseos tienen un arraigo muchísimo más importante, son mucho más estables pudiendo perdurar por años, y su satisfacción o no produce cambios importantes en la persona. Las necesidades no siempre pueden quedar insatisfechas, por ejemplo el hambre, la sed, si no son satisfechas pueden llevar a la muerte. La publicidad, la mercadotecnia, los medios toman estos elementos y hacen ver a las ganas, a veces a los deseos, como necesidades, por eso muchas personas son capaces de sacrificios importantísimos por acceder a algo de lo que se les vende.
Entonces podemos decir que el consumismo se refiere a la acumulación, compra o consumo de bienes y servicios no esenciales.




Para nuestra sociedad la adquisición de bienes se separó de las necesidades o deseos para convertirse en señales, indicadores de estatus, de capacidad económica, de poder. Es por esto que los ricos recurrieron al consumo,  despilfarro y ostentación como manera de impresionar a los demás y de aumentar o demostrar su poderío. La construcción de grandes mansiones, vestir con elegancia exclusiva, con joyas muy caras, autos especiales comenzó a ser la norma. 
Este modelo mediante la publicidad y los medios masivos de difusión dirigido a toda la población fue  inducido las clases inferiores a la par que el ahorro fue desacreditado.

Una de las causas por las que el consumismo prende socialmente es porque la publicidad apela a nuestro temor a la soledad, a quedar excluidos del grupo, a quedar afuera y también al sentimiento de inferioridad: se debe pertenecer, se debe llegar a ser alguien. El coche, la ropa, los perfumes, las marcas, el diploma, la mujer o el hombre o los hijos bonitos y simpáticos e inteligentes, son elementos que valen en cuanto me hacen sobresalir, me distinguen, me dan entidad ante los demás. Como hacen al tener y nunca al ser, al tiempo nos sentimos nuevamente vacíos y debemos recurrir a otros.

La sociedad busca la masificación, todos vestir a la moda, escuchar la música de temporada, el pasito de baile, los boliches de onda, la película ganadora, la dieta, el programa que todos y todas miran, esta masificación genera individuos con una severa incapacidad para conocerse a sí mismos, para reconocerse diferentes, con necesidades y deseos propios y entonces es muy probable que confundan lo externo con lo interno, lo que es inducido con lo propio, llegando a creer que ser alguien, “tener personalidad”, es ser como tal o cual modelo, tal personaje famoso, y un modo de acercarse a ellos es consumir lo que nos proponen, o lo que pensamos que ellos consumen.
Este vivir hacia afuera puede implicar también asumir como propias determinadas ideas que miradas un poco de cerca tienen el mismo valor que el color de ropa que se usa esta temporada, usan las ideas del mismo modo, como pueden ser las ecologistas, los derechos de los animales, los derechos humanos.





El consumismo se ha convertido en el tapa agujeros de muchos de nuestros vacíos, es común escuchar que para una depresión no hay nada mejor que ir de shopping,  gratificarse comprando algo.
Preguntarnos qué nos pasa, pensar para qué queremos tal cosa, a qué llamamos confort, todo esto queda suspendido ante la posibilidad de un nuevo objeto, una nueva persona o sensación.
No es casual que la dependencia sea uno de los factores distintivos de esta época, no solamente depender de personas sino de sustancias, de drogas, del juego, del trabajo, de la computadora, de los celulares, es época de anorexia y bulimia.
Cuando escucho en algún lado hablar de que hay que incentivar el consumo, que hay que alentarlo, suenan mis alertas porque sé que estamos en peligro, que la voracidad de las empresas, de los ricos y poderosos, esta en marcha para crear nuevas ganas, nuevas fantasías para atarnos más a la rueda del capitalismo.
No importa cómo, los créditos bancarios, las hipotecas, las tarjetas de crédito, todo sirve para construir la fantasía y luego, caer en la realidad de las deudas.
El ser humano desaparece, ya no se lo llama ser racional, o espiritual, de persona pasó  a ser consumidor, una especie de pac man, de boca gigantesca que nunca debe satisfacerse. Este mundo de objetos, de formas y colores y sensaciones para todos y todas, de una tecnología asombrosa, engendra personas constantemente insatisfechas, rutinarias y vacías en búsqueda constante del grial, de aquello capaz de darles alegría y vida.










La mayoría de las IMAGENES han sido tomadas desde la web, si algún autor no está de acuerdo en que aparezcan por favor enviar un correo a  alberto.b.ilieff@gmail.com y serán retiradas inmediatamente. Muchas gracias por la comprensión.