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viernes, 25 de mayo de 2018

195 - El putero: un hombre invisible


El putero: un hombre invisible

Hablamos de la demanda de prostitución en masculino porque en la inmensa mayoría de los casos son hombres, y es que cuando se analizan algunos fenómenos e instituciones sociales, a menudo la masculinidad no es tenida en cuenta como situación privilegiada y son sólo las "otras" a las que se analiza, se etiqueta, se estigmatiza, y a quienes se les exige transformación. En este artículo Beatriz Ranea pone el foco en el putero, en quién demanda la prostitución.
Beatriz Ranea  — Feminicidio.net — 17/4/2017

El hombre invisible al que hacía referencia H. G. Wells no absorbía ni refleja la luz y por tanto, se podía volver invisible a ojos de los demás. Algo así parece que ocurre con los hombres que demandan prostitución que pertenecen a ese género con el "don" de la invisibilidad en algunos debates y análisis.

Hablamos de la demanda de prostitución en masculino porque en la inmensa mayoría de los casos son hombres, y es que cuando se analizan algunos fenómenos e instituciones sociales, a menudo la masculinidad no es tenida en cuenta como situación privilegiada y son sólo las "otras" a las que se analiza, se etiqueta, se estigmatiza, y a quienes se les exige transformación. En lo que se refiere a la prostitución y la trata de mujeres con fines de explotación sexual, tanto en los estudios, los medios de comunicación, como en la cultura popular, prostitución tiende a identificarse únicamente con las mujeres dando lugar a un imaginario colectivo en el que prostitución aparece como sinónimo de prostituta, como si ésta encarnase en sí misma una institución tan compleja como es la prostitución.
 
Canadá penaliza al putero
No suele centrarse ninguna atención en el resto de actores que intervienen como la demanda, el proxenetismo, el Estado o la sociedad. En el caso de la demanda, Beatriz Gimeno sostiene que esta invisibilización "es en sí misma  consecuencia de una ideología determinada que produce  representaciones sociales y sexuales únicas y que ve  la prostitución como natural, y por tanto inevitable". En este sentido, el pensamiento crítico feminista ha de tratar de cambiar esas representaciones sociales y marcos de referencia patriarcales, preguntándonos a qué se debe, por ejemplo, que tanto desde medios de comunicación conservadores como progresistas se siga poniendo el foco únicamente en las mujeres, ocultando uno de los correlatos que las acompañan: el de los hombres que pagan por ello.

Hay un interés claro en invisibilizar a los demandantes porque cuando nos acercamos a la demanda de prostitución, es fácil observar como los puteros reproducen patrones de un modelo de masculinidad hegemónica, es decir, un modelo de "ser hombre" que se aleja del reconocimiento de la autonomía (sexual) de las mujeres. Para acercarse a la demanda, podemos acceder a los escasos estudios al respecto o a los foros donde éstos intercambian experiencias, opiniones, recomendaciones sobre las mujeres o los espacios de prostitución. Algunos ejemplos de comentarios encontrados en foros:
"Después del tiempo que lleva uno en este maravilloso mundo, ando buscando nuevas experiencias. Antes se veía alguna lumi embarazada pero ahora es difícil. Alguno puede facilitar información de dónde follar con una preñada de más de cinco meses en Madrid". (Usuario: daddy)

"Rumanita recién llegada, no habla español, muy servicial, entregada, se deja dedos: Esta acompaña amiga rubia mal teñida, esta rumana es castaña entregada al 100%, 20 21 años se deja meter 3 dedos en la vagina, mientras la chupa sin condón, mejor llevar guantes de látex, la tiras del pelo y la chupa más rápido y no dice nada, se deja. Lo mejor la corrida dentro de su boca, se lo trata todo y además con sonrisa incluida. 15€ chupar y tragar. Follar y tragar 20€". (Usuario: mortaldog)

"He estado en la glorieta más cercana a la avenida real de pinto, donde se ponen las rumanas, y había una que nunca había visto, morena y con unos tetones de impresión (...) Por 15 euros, solo follar sin chupar ni nada nos hemos ido (el precio lo ha puesto ella). Cuando estaba a punto de correrme me dice que pare que voy muy fuerte, total que empiezo a ir más despacio y claro, tardo más, todavía no me he corrido cuando la muy zorra ha cogido y se ha ido. Hija de puta como la vea la atropello, me la he tenido que pelar como un mono, y os aseguro que la he tratado bien, la he dicho que que bonita era, cuando me ha dicho lo de más despacio más despacio, que si donde, todo la he respetado y no ha durado ni 7 minutos la hija de la gran puta. Por favor, si alguien tiene pensado suicidarse, que antes la atropelle". (Usuario: tomaguarra)



Éstos son tan sólo tres ejemplos del proceso de deshumanización de la prostituta que realizan los puteros. Las prostitutas son representadas como mera corporeidad sin subjetividad. Las mujeres son percibidas cuerpos devaluados, también, a través del racismo (sexualizado) que se perpetúa en las relaciones prostituyentes.

Conviene invisibilizar a la demanda, además, porque con la invisibilidad de la demanda subsiste el poder de la fratría masculina sobre el que se sostiene la desigualdad estructural entre mujeres y hombres. Esa fratría que cierra reuniones de negocios en el prostíbulo; o que acude tras la cena de empresa; que celebra la despedida de soltero en un club; que se toma unas copas allí tras la reunión del partido o del sindicato; que celebra la victoria de su equipo; que hace chistes sobre "ir de putas"; que comparte experiencias de prostitución con sus amigos o en foros de internet... Como afirma Rita Laura Segato en referencia a esos clientes que acuden en grupo a la prostitución "es común que estos grupos tengan el burdel como el local para una confraternización entre hombres que incluye la celebración de acuerdos, alianzas, negocios y pactos” de los que se excluye a las mujeres. La fratría se erige sobre la invisibilidad de los privilegios de la masculinidad hegemónica, donde la mujer existe como instrumento para representar su hombría tanto en su autoconcepto como frente al grupo de iguales masculinos.

Los clientes de prostitución no han conseguido alterar el índice refractivo de la luz como lo hiciera Griffin en la novela de H. G. Wells, sino que hay un interés claro en invisibilizarlos como parte del entramado sociopolítico patriarcal donde lo que no se nombra, no existe. Cambiar el marco de referencia para abordar la prostitución, supone toda una revuelta feminista. 

Fuente
http://feminicidio.net/articulo/putero-hombre-invisible




miércoles, 12 de diciembre de 2012

28 - Con nombre de guerra



28
Con nombre de guerra

Hoy seguiré el tema que en nuestro último encuentro comencé, seguiremos hablando de la prostitución, o mejor dicho, de las personas en prostitución.
En estos momentos existe una campaña muy grande y mejor financiada, con muchísimos recursos económicos buscando que la prostitución sea declarada un trabajo más, como cualquier otro.
Permítanme alejarme un poco del tema. Recuerdo que en el 2000 en Buenos Aires donde vivo, aparecieron muchas personas que en su desesperación revolvían la basura, también mujeres y niños esperando frente a los lugares de comida chatarra, a las 5 de la madrugada, que sacaran sus bolsas de residuos para encontrar en ellas el alimento para seguir adelante. Al poco tiempo ya juntaban cartones y diarios, aparecieron los cochecitos de bebé y los changuitos para poder llevar su carga, fue más tarde cuando se convirtieron en carros armados para eso, livianos y con gran capacidad con bolsas para llenar, hoy los podemos ver en la noche porteña, las figuras flacas tirando de ellos, deambulando silenciosos con sus enormes bolsas blancas henchidas,  lentos y silenciosos como veleros.



Los “cartoneros”, así fueron llamados, se convirtieron en algo natural hasta que un día a alguien se le ocurrió cambiar su situación. Como es de esperar hubo publicidad, acto con entrega de diplomas en que se los nombraba “recicladores”. Siguen deslizando sus flacuras sombrías por las calles pero ahora ya no son cirujas ni cartoneros, su estatus ha variado. La miseria parece no haberse enterado, quizá porque no fue invitada al acto y ellos siguen apilando cartones y diarios y alguna cosa útil que van encontrando.
Algo similar es lo que se quiere hacer con las personas en prostitución, llamarlas “trabajadoras sexuales” como si esas fueran palabras mágicas  capaces de cambiar su situación, como si a partir de ser llamadas así ya no tuvieran que esperar a quienes buscan desagotar en un cuerpo ajeno, ya no tuvieran que abrirse, mostrarse disponibles para lo que el señor y su dinero puedan pagar.
Nos dicen que es para el bien de ellas, si queremos que estén mejor démosle trabajo, capacitación, educación, no, como se les da hasta ahora  profilácticos y cursos de cómo no contagiarse de hiv.
También dicen que así pueden tener jubilación y obra social, para eso no es necesario  que haya una ley que las llame trabajadoras,  basta con que se inscriban como cuentapropistas  o monotributistas y así no quedar  registradas como prostitutas.
Para convencernos también dicen que así van a poder defender sus derechos y no necesitar de un proxeneta cuando esto es precisamente lo opuesto. Hay países que hace años ya tienen a la prostitución dentro de la categoría de “trabajo” y la experiencia en ellos muestra lo contrario, las mujeres siguen atadas a los proxenetas  y ahora mucho más porque la ley los protege, y aumentó la trata de personas y la prostitución infantil, a tal punto que algunos, como Holanda, están dando marcha atrás. ¿Recuerdan el famoso barrio rojo de Amsterdam? En las vidrieras de los locales de ese barrio no hay objetos en exhibición sino mujeres, el posible  “cliente” pasa,  mira la mercadería y elige. En este momento este barrio esta siendo desmantelado por el mismo gobierno.
Como les dije en esos países aumentó la prostitución infantil.  Escucho decir también que son cosas diferentes y eso parece obvio, pero no es así, la mayoría, por no decir todas las personas en prostitución  fueron iniciadas apenas ingresadas en la adolescencia, 12, 13 años, a partir de ahí siguieron ese camino. No hay tal separación porque los proxenetas y tratantes las prefieren niñas porque cobran más a los “clientes” y estos las prefieren “jóvenes”, cada vez más niñas. 


La proxeneta. Dirck van Baburen

Si decimos que la prostitución es trabajo abrimos la puerta a que la prostitución infantil también lo sea. Tengamos presente que una organización que tiene que ver con este tema como es la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que pertenece a Naciones Unidas,  llama a la prostitución infantil una de las “peores formas de trabajo” , si tal como lo escucharon, y si bien aboga por su desaparición, sea como fuere, la llama “trabajo”. Entonces si aceptamos que la adulta sea trabajo, ¿por qué no podría serlo la infantil si además la misma OIT así la reconoce?

Detrás de todo este movimiento en que se está invirtiendo tanto dinero están los proxenetas y tratantes  que son los más interesados, porque si a las personas en prostitución se las llama trabajadoras, ellos podrán tener locales donde ellas trabajaran y entonces ellos quedarán legalizados, dejarán de ser delincuentes para convertirse en honestos comerciantes.

Tengamos en cuenta que ya en Argentina hasta 1935 aproximadamente se implementó la práctica reglamentarista o sea el estado intervino regulando la práctica y los burdeles como si fuera un trabajo más. La reglamentación fue dejada de lado y se pasó a la prohibición de los burdeles en 1936. En aquel entonces se experimentó el total fracaso de estas medidas, sobre todo porque no evitaban los males que se suponía desaparecerían al convertir la prostitución en un trabajo regulado. Recordemos que por esa época, en 1927,  un periodista francés llamado Albert London estuvo investigando en nuestro país y publicó un libro  al que le puso el mismo título de como era conocida en el mundo la ruta de la trata de personas que eran traídas desde Europa hacia Argentina, el libro se llamó “El camino a Buenos Aires”. Este título de por sí esta demostrando la importancia de este delito en nuestro país. No solamente la reglamentación no contuvo a la prostitución ni a la trata de personas sino que tampoco sirvió para evitar las enfermedades que buscaba prevenir ya que, como era de esperar, los proxenetas pagaban para obtener los certificados de salud.

Muchas veces me dicen que algunas mujeres quieren seguir en esa situación y que entonces habría que respetar su resolución. Estoy de acuerdo con eso, la libertad de quienes quieren elegir un camino para sí mismos es respetable, pero no es de eso que estoy hablando, veamos si con un ejemplo podemos tener más clara la situación.

Las madamas. Jorge Frías

Hace no mucho tiempo cuando un marido, padre, hermano, novio, le pegaba a una mujer, aunque se supiera, se guardaba silencio porque era considerada una situación familiar, privada, y valía aquello de que los trapos sucios se levan en casa, o es en casa donde se esconden bajo la cama. Con el progreso de la conciencia social se llegó a entender que no son problemas individuales, personales, cuestión de suerte por el hombre que te tocó, sino temas sociales porque son actos de violencia y la violencia nunca es individual o cuestión personal. Es así como la violencia intrafamiliar pasó de ser algo privado a ser público. Tan en así que en la ciudad de Buenos Aires cuando un familiar o un vecino son testigos de un suceso de este tipo pueden llamar a un teléfono e inmediatamente concurre al lugar de los hechos una brigada especializada, con policía y todo. Quizá la mujer no quiera o no pueda salir de esa situación, de todos modos, al ser un acto de violencia autoriza al estado a intervenir. Tengamos presente que cuando se esta en un vínculo violento el hombre no lo reconoce como tal o lo justifica y a la mujer es muy probable que le suceda otro tanto, por lo que la violencia debe ser declarada, denunciada desde fuera de ese vínculo. Lo mismo sucede con la prostitución. Puede ser que las personas que están en prostitución no registren esa violencia o que aún sabiéndola prefieran seguir en ella. Ese ejercicio de su libertad no debe condicionarnos a los demás, no por eso estamos obligados a callar la violencia, a no denunciarla y lo que sería mucho más perverso a decir que no existe y llamarla trabajo, si eso sucede, nosotros como personas y como sociedad pasamos a ser cómplices y encubridores de esa violencia. Tampoco que ellas quieran seguir en prostitución debe ser una imposición para que el estado legalice y autorice una práctica violenta. Justamente el estado esta creado y sostenido para protegernos de la violencia, no para justificarla, ampararla y además cobrarle impuestos convirtiéndose en un estado proxeneta.
  La libertad de otros, en este caso de las personas en prostitución, no debe condicionar ni impedir el uso de la nuestra.




Es momento que nos preguntemos qué tipo de sociedad es esta en la que algunas personas para sobrevivir tiene que dejar hacer en sus orificios lo que otra persona, porque tiene el poder del dinero, quiera hacerle. Esto es responsabilidad de todos, de los hombres que no “vamos de putas” pero sin embargo guardamos silencio y consentimos que otros lo hagan, también de quienes sí pagan para disfrutar de  su propia sexualidad sin importarles que ese cuerpo que eligieron como si fuera solamente  carne es una persona que siente y piensa, también es responsabilidad de las mujeres que tienen la posibilidad de no hallarse en esa situación pero que también la aceptan sin darse cuenta que si una sola mujer es usada, denigrada, todas lo son.
No es posible la igualdad en ninguna sociedad en la que haya personas que se hallen en situación de sometimiento y sin otras posibilidades. Porque la prostitución es fruto de la pobreza  y la exclusión en todas sus formas, no solamente económica, sino también educativa, laboral, de la vulneración de los derechos básicos y del desinterés de todos.





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